
¿Qué vemos cuando miramos a una modelo o a una actriz en la pantalla, una persona o un personaje? ¿Quién o qué es lo que se vende en los spots de tv, en las vallas publicitarias, en las portadas de las revistas, una realidad humana o sólo una imagen de ella? ¿La propia imagen es separable, objetivable, convertible en objeto y por tanto, susceptible de comerciar con ella… o, al ser inseparable de la realidad que la origina —la persona—, el comercio se hace en realidad con el original y no con su copia resultando así una clase de prostitución del propio yo?
En el XLSemanal hay un artículo impagable que pone de manifiesto lo trágico que esconde el glamour del mundo de las modelos. Uniéndolo con la reflexión anterior: ¿Qué esconde la trastienda en donde las personas construyen las imágenes ficticias con las que finalmente las vamos a contemplar?. Ahí están las personas que en un momento dado ven en una persona un posible soporte de imágenes consumibles; la persona que, junto con otras, acude al casting para que la seleccionen y la conviertan en aquello que no es, pero que sueña ser; las personas que las maquillan, las peinan, las visten, las fotografían hasta convertirlas en imágenes imposibles de sí mismas para el disfrute de otros millones de personas que acabarán consumiéndolas como simples imágenes despersonalizadas.
Sara Ziff es una modelo que ha vivido en primera persona ese proceso de despersonalización y que tras realizar junto con su novio el documental Picture me (Retrátame) inédito en España todavía, trabaja para que en ese mundo que construye el glamour, se trate a las modelos como personas. Sus testimonios son definitivos. Muestran la oscuridad que se esconde detrás de la luz de los focos, el brillo de la notoriedad, la belleza de las imágenes y la fama y el dinero que llevan consigo.
El comienzo



«Ahora he aprendido que la vida no tiene atajos», nos dice Sara Ziff al final del magnífico artículo de XL Semanal. En su caso, dados sus testimonios, el axioma que utiliza penetra más profundamente que las meras palabras que lo enuncian: es su experiencia misma la que llega hasta las carnes y el corazón del lector. O eso me ha pasado a mí.
José Luis
Así es. No es teoría: es la fuerza de lo testimonial. De ahí que haya que aprovecharlo a tope.