Capítulo II Esto en cuanto al cuerpo; y esto, al conocimiento

Los Pulgarcitos «Ya no habitan el mismo tiempo» dice Serres al comienzo del segundo capítulo, porque el horizonte histórico de estos nuevos seres ya no es el de la prehistoria, sino «los miles de millones de años hasta la barrera de Plank». Sin embargo, según mi experiencia educativa, la cosa es más bien al revés: en esta generación el horizonte histórico se ha reducido por completo a cero no solo por el desconocimiento de la historia, sino porque viven una experiencia caracterizada por la exclusiva existencia de un presente inexplicado en el que el pasado no existe y el futuro es el de la ficción de las películas de distopías más o menos novelescas.

A continuación, una andanada sino antitecnológica, sí, por lo menos antipantallas. Es creo, el único momento en el que el bondadoso y optimista abuelo de Pulgarcita deviene en “viejo gruñon” que es como él mismo llama a los que ponemos pegas a esta revolución cibernética. Sin paliativos: los Pulgarcitos «Son formateados por los media, difundidos por adultos que han destruido meticulosamente su facultad de atención reduciendo la duración de las imágenes a siete segundos y el tiempo para responder preguntas a quince, según cifras oficiales; medios en los que la palabra más repetida es “muerte” y la imagen más representativa la de los cadáveres. Desde los doce años, estos mismos adultos les obligaron a ver más de veinte mil asesinatos.

Formateados por la publicidad […] nosotros, los adultos, hemos convertido nuestra sociedad del espectáculo en una sociedad pedagógica que eclipsa la escuela y la universidad con su competencia vanidosamente inculta. Debido al tiempo destinado a oírlos y verlos, así como por su poder de seducción y su importancia, los media se han apropiado hace mucho tiempo la función de la enseñanza”. Sin embargo, esto que para mí es exactamente así y que es gravísimo, no parece que tenga importancia en la configuración de este nuevo ser que alumbra la tecnología porque no vuelve a aparecer en todo el texto. Nada más y nada menos que la incapacidad de atención, la insensibilidad ante la violencia, la influencia de la publicidad, la sociedad del espectáculo, la sustitución del mundo educativo… Estos nuevos Pulgarcitos están formateados, es decir, vacíos y reprogramados… Pero no pasa nada. Son ángeles.

Luego más afirmaciones contundentes, pero genéricas, sin explicar y absolutamente tópicas: «Habitan lo virtual [¿?]» No desarrollan las mismas neuronas escribiendo con el pulgar [sic] o consultando internet que utilizando el libro: hemos de suponer que sus neuronas son seguramente mejores, aunque Nicholas Carr lo haya puesto profundamente en duda en su Superficiales. «Pueden manipular diversas informaciones al mismo tiempo» (Ya salió el tópico de la imposible multitarea). «No conocen, ni integran, ni sintetizan como nosotros» No tienen nuestra misma cabeza (más adelante sabremos que eso no importa porque ni siquiera tienen cabeza). «Con el móvil acceden a todo el mundo; con el GPS, a todas partes; con internet, a todo el saber;…». Podrían hacerlo sí, pero ¿lo hacen? ¿De verdad lo que hacen con el móvil es acceder a todo el mundo o simplemente chatear y cotillear en las redes sociales viendo el mundo a través de una diminuta cerradura que les impide ver más allá? ¿De verdad con internet acceden a todo el saber? Este va a ser un mantra muy repetido por el autor y merece la pena detenerse un instante para recordar la diferencia entre información, conocimiento y sabiduría. El enorme depósito de información de la red es información. El conocimiento sería aquella información que somos capaces de integrar, darle alguna utilidad y hacerla nuestra. La sabiduría es un escalón más: una síntesis de conocimiento que se convierte en biología, en experiencia, en conocimiento vivido. ¿De qué saber nos habla Serres?

Resumiendo, los bárbaros: «Ha nacido un nuevo ser humano […] no tiene el mismo cuerpo, ni la misma esperanza de vida, no se comunica igual, no percibe el mismo mundo, ya no vive en la misma naturaleza, no vive el mismo espacio […] ya no teme la misma muerte, […] conoce de otra manera … escribe de otro modo […] no habla la misma lengua…» Tópicos. Esta última afirmación lingüística la basa en la hipótesis de que las nuevas ediciones de los diccionarios incorporan muchísimos más términos nuevos que en periodos anteriores conformado así una nueva lengua: comprobado en la nuestra, puedo afirmar que no es cierto. El último de la RAE incorpora alrededor de cinco mil de un total de noventa y tres mil, más o menos como siempre.

Referencias

Pulgarcita, Michel Serres, Gedisa, Barcelona, 2014

Análisis del libro Los Barbaros de Alexandro Baricco en el blog

Algunas reflexiones de Marina en torno a la educación

Superficiales, ¿qué está haciendo internet con nuestras mente, Nicholas Carr

Michel Serres habla sobre Pulgarcita, vídeo

Lectura crítica completa de Pulgarcita en Pensar los Medios