Acabo de leer un ensayo de Michel Serres, (Francia, 1930), profesor de Historia de la ciencia en la Universidad de Stanford y miembro de la Academia Francesa. Un opúsculo breve, pero lleno de afirmaciones tan audaces y contundentes como, a mi juicio, inconsistentes y, sobre todo, ingenuas. Ya en el título, Pulgarcita, y según confesión propia, el autor manifiesta una tierna y angélica admiración de abuelo por esta nueva raza de nativos digitales que entre otras cosas son capaces de manejar con gran destreza sus pulgares en las pantallas de sus móviles y constituyen una nueva naturaleza humana auspiciada por la influencia de las nuevas tecnologías.

De nuevo tenemos aquí una muestra de radical pensamiento ciberoptimista muy próximo a las tesis del más completo y profundo Los Bárbaros de Alexandro Baricco cuya lectura crítica hicimos en el blog hace unos cuantos post.

I Novedades

«Antes de enseñar lo que sea a quien sea, al menos hay que conocerle», nos dice Serres en el antetítulo de su primer capítulo, demostrando así que su punto de partida es su experiencia docente y su finalidad principal es advertir de que este nuevo ser nacido no del útero materno sino de las pantallas, de la tecnología y de internet debe ser afrontado pedagógicamente de un modo nuevo acorde a su también nueva naturaleza. ¿Quién es, según él, este nuevo individuo?

Aunque él no lo dice, lo primero que habría que advertir es que Serrés habla, por supuesto, no de una nueva generación global, sino de la pequeña minoría que constituye la juventud digitalizada del privilegiado mundo occidental. Dicho esto, comienza su descripción diciendo que pulgarcita, al revés que las generaciones anteriores más próximas, «nunca ha visto ni ternera ni vaca, ni marrano, ni sabe cómo se ponen los huevos», es decir, está alejado de la naturaleza real que para él es sólo una imagen fotográfica o fílmica o un destino para vivir «el ocio o el turismo». Es fundamentalmente urbano y, sin embargo, para Serres –en una de las muchas ingenuidades de las que hace gala a lo largo del libro– es más sensible al medio ambiente y menos polucionante que los adultos de los que procede, obviando que se trata de una generación infinitamente más consumista, abducida por las leyes inflexibles del capitalismo salvaje y que contempla los documentales de Greenpeace como un producto más de consumo mientras adquiere alegremente la última tecnología y se deshace de la anterior artificialmente obsolescente sin preocuparle lo más mínimo cómo, de dónde y con qué consecuencias, se extrae el coltán necesario para producirla y dónde van a parar y los desechos de su consumo.

«Habita un mundo más lleno» en el que la demografía mundial se ha multiplicado y ha aumentado su esperanza de vida. Esta realidad lleva a Serrés en cuatro líneas a hacer una pirueta intelectual por la que deduce que ha cambiado también el concepto del matrimonio porque no es lo mismo plantearse ser fiel para diez años que para sesenta y cinco, como si el “para toda la la vida” fuera una cuestión de longitud temporal y no de profundidad de concepto, y el para siempre del enamorado estuviera condicionado a la longevidad prevista. Hace lo mismo –y se queda tan ancho– con el concepto de morir por la patria: no es lo mismo ofrecerse para morir por la patria cuando la vida que se ofrece es de diez años que cuando se trata de seis decenios. Matrimonio y patria pueden ser dos valores en crisis, pero achacar esa crisis a la longevidad es algo un poquito ramplón tanto desde el punto de vista intelectual como existencial.

No «han conocido la guerra» desde hace sesenta años. Digamos que no la han vivido, aunque nunca una generación ha contemplado tanta violencia virtual –real y ficticia– como esta.

«Han sufrido menos» No han pasado hambre ni necesidad. Y esa falta de sufrimiento, según Serres, de nuevo en otra pirueta –habrá muchas, ha llevado a que no estén sujetos tampoco a ninguna clase de moral puesto que «toda moral es al fin y al cabo una serie de ejercicios destinados a soportar un dolor inevitable». Hacer desaparecer los conceptos del bien y el mal enfrentándolos exclusivamente a la existencia del dolor me parece de un reduccionismo desconcertante que no merece mucho más comentario. Como igualmente reduccionista y parcial es obviar que los pulgarcitos no han conocido el sufrimiento no sólo por los avances en la analgesia, como dice Serres, sino sobre todo porque han vivido en la sagrada sociedad del bienestar mimados, sobreprotegidos, aislados en burbujas de artificial comodidad frente a las inclemencias de la vida, en medio de un clima educativo y familiar en el que los valores del esfuerzo, la autoridad e incluso la realidad misma están en crisis. Igualmente es sesgado y reduccionista no hablar de la importancia del relativismo imperante, el pensamiento débil del posmodernismo, la corrección política y la sociedad del espectáculo, para entender quiénes son estos “nuevos” seres del hábil pulgar.

Su «nacimiento fue programado», dice Serres, sus padres son mayores ya que el primer hijo nace «entre diez y quince años» más tarde, «más de la mitad se han divorciado. ¿Habrán abandonado, quizás, a sus hijos?». No sé si es una pregunta retórica, pero sí, se trata de una generación en muchos casos de hijos solos, y no sólo por el divorcio, sino por la falta de medidas de conciliación familiar que ha dado lugar a los “hijos de la llave” colgada al cuello que cuando llegan a su casa no tienen a nadie que los reciba y que ha puesto en primer plano, sin quererlo, el papel educativo de los abuelos.

Estudian en un colectivo multicultural rodeados de «inmigrantes que han acudido a países más ricos y que han vivido experiencias contrarias a las suyas». Ahí lo deja como sobreentendiendo que tal multiculturalidad es en sí una riqueza. No saca ninguna conclusión…, pero hay muchas preguntas: ¿cómo están afrontando los pulgarcitos esta multiculturalidad? ¿Les hace más abiertos y flexibles, más generosos? ¿Se dejan enriquecer por el intercambio cultural? ¿O, por el contrario, aumenta el egoísmo, la cerrazón, el racismo y la xenofobia que parecían haber desaparecido de los ambientes sociales y políticos de occidente?

Referencias

Pulgarcita, Michel Serres, Gedisa, Barcelona, 2014

Análisis del libro Los Barbaros de Alexandro Baricco en el blog

Algunas reflexiones de Marina en torno a la educación

Superficiales, ¿qué está haciendo internet con nuestras mente, Nicholas Carr

Michel Serres habla sobre Pulgarcita, vídeo

Lectura crítica completa de Pulgarcita en Pensar los Medios