La forma más fácil no siempre es la mejor, nos dice Nicholas Carr en esta última entrega de la docena de entradas que  que hemos dedicado a su libro Superficiales.
 
 
Como ya hemos visto, toda herramienta, aunque abra posibilidades, también impone limitaciones: «damos forma a nuestras herramientas y, por lo tanto, ellas nos dan forma a nosotros», dice el jesuita John Culkin.
 
 
Los estrechos lazos que establecemos con nuestras herramientas se tienden en ambas direcciones: así como nuestras tecnologías se convierten en extensión de nosotros mismos, también nosotros mismos nos convertimos en extensiones de nuestras tecnologías.
El precio que pagamos por asumir los poderes de la tecnología es la alienación ―dice McLuhan―, un peaje particularmente caro en el caso de nuestras tecnologías intelectuales: acaban por adormecer cualquiera de las partes de nuestro cuerpo que amplifican. Cuando nos fortalecen, también nos debilitan.
 
 
Una evaluación honrada de cualquier nueva tecnología, o del progreso en general, requiere una sensibilidad hacia lo que se ha perdido, así como para lo ganado. ¿Vamos a evolucionar para convertirnos en más ágiles consumidores de datos? ¿Perderemos nuestra capacidad para concentrarnos de principio a fin en una sola tarea compleja? ¿Adquiriremos nuevas capacidades, como la de atender 34 conversaciones simultáneas a través de seis medios de comunicación diferentes?
 
 
Facilitar es debilitar, concluye Carr: a medida que externalizamos la resolución de problemas y otras tareas cognitivas a nuestros ordenadores, vamos reduciendo la capacidad de nuestro cerebro para resolverlos y afrontarlas por nosotros mismos. Cuanto más inteligente sea el ordenador más tonto será el usuario.
 
 
No conozco otra predicción del futuro más ajustada a lo que puede llegar a ocurrir que este delicioso fragmento de la película de Andrew Stanton, Wall.E, producida por Pixar con el que concluimos esta serie dedicada al libro de Nicholas Carr. Está plagada de detalles inteligentes y verosímiles que esconden una severa crítica al mundo tecnológico. En un mundo aparentemente feliz, tecnológicamente perfecto, altamente interactivo, perpetuamente conectado…, el hombre se ha convertido en una criatura obesa, feliz y perfectamente… inútil. No os lo perdáis.
Podéis encontrar aquí la reseña completa de Superficiales, ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? de Nicholas Carr, o también arriba en la página pensar los medios.