Parte 3, Sociedad

Tras un análisis del viejo capitalismo de productividad incesante y de consumo compulsivo, cuya característica principal es «el aburrimiento» de los Pulgarcitos y de todos los hombres que lo sufren, Serrés proyecta de nuevo una arcadia feliz, democrática y delirantemente ciberoptimista formada por millones de voces que, ahora sí, por fin, hablan. «Por primera vez en la historia es posible oír la voz de todos». «Desde hace tiempo percibo esta nueva era oral emanada de lo virtual». El parloteo continuo de Internet y sus redes alumbra una nueva ágora en la que todo el mundo tiene voz y voto. El mundo político deviene en una gran asamblea democrática… Olvida de nuevo ingenuamente el abuelo, la existencia de la Deep Web; el control gubernamental de lo que se dice; la ausencia de privacidad; la impunidad del anonimato; la ausencia de criterios por la ausencia de intermediarios profesionales; el comercio de los datos personales entregados a Google, Facebook y las grandes redes sociales; la manipulación del consumidor que surge del uso de estos datos por parte de las empresas, partidos y grupos de presión; la muerte de la propiedad intelectual; el monopolio creciente de los grandes servidores y proveedores de Internet en continuo proceso de concentración y de obtención de beneficios bajo el aparente y engañoso paraguas del gratis total;… Son muchos olvidos producto del deslumbramiento cibernético y de una fe absolutamente injustificada en Pulgarcito visto de nuevo como un volteriano hombre bueno.

Y tras una injusta, por parcial, descripción de los desastres de muerte y destrucción producidos por la civilización occidental, hace decir a su Pulgarcita: «me reprocháis mi egoísmo, pero ¿quién me lo enseñó? Vosotros mismos, ¿acaso habéis sabido formar un equipo? Incapaces de vivir en pareja, os divorciáis. ¿Sabéis hacer que nazca un partido político y que perdure? Ved hasta qué punto han perdido toda substancia. […] Agonizan las viejas pertenencias: fraternidades de armas, parroquias, patrias, sindicatos, familias en recomposición; lo que queda son los grupos de presión, obstáculos vergonzosos para la democracia. […] ejército, nación, iglesia, pueblo, clase, proletariado, familia, mercado… todo abstracciones que vuelan sobre nuestras cabezas como fetiches de cartón. […] mártires supliciados, mujeres lapidadas, herejes quemados vivos, supuestas brujas inmoladas en las hogueras […] soldados desconocidos en hileras, a miles, en los cementerios militares […] campos de exterminio y gulags, […] la familia acoge la mitad de los crímenes: una mujer muere cada día por la violencia del marido o del amante. […] el mercado: más de una tercera parte de la humanidad sufre hambre. […] en vuestra sociedad del espectáculo, el número de espectadores sólo crece en función del número de cadáveres exhibidos […] para vosotros una buena notica no es buena noticia…» Tras toda esta nómina de fracasos que olvida la grandeza de la cultura y la civilización tiñéndola de luto,  Pulgarcita prefiere la virtualidad de las redes que no reclama la muerte de nadie. «Lo virtual evita al menos esta carnalidad». Que es tanto como decir que la realidad, por serlo, es obscena y mancha. Mejor no bajar al ruedo para mejorar el mundo porque el mundo es un lugar incómodo, peligroso y lleno de cadáveres. Mejor no encarnarse porque la carne es débil. Mejor no ser libre por los riesgos de la libertad. Por no hablar de los trolls cibernéticos, los insultos, los linchamientos públicos, la pornografía, la delincuencia organizada, la mentira, la falta de contraste en la información, los bulos, las campañas, el ciberterrorismo… ¡Ay, abuelo Serres! ¡Me temo que la fragilidad sucia y paradójicamente hermosa del hombre también está en la red y que esa arcadia feliz que imaginas, quizá no exista.

Finaliza el académico su ensayo sobre el advenimiento de un futuro cibernético de libertad y democracia con la imagen de la construcción de una gran torre virtual en la que estemos todos. Contrapuesta a la imagen dura, fija, estable, de hierro, de la Torre Eiffel, símbolo de una época ya muerta, la nueva torre de Babel será anónima porque será de todos, será blanda, cambiante, viva, feliz.

Y yo acabo perplejo, contemplando como una mente humana brillante puede alejarse tanto del conocimiento de la realidad y construir escribiendo castillos en el aire y torres de Babel como si estuviera, efectivamente, descabezada.

Referencias

Pulgarcita, Michel Serres, Gedisa, Barcelona, 2014

Análisis del libro Los Barbaros de Alexandro Baricco en el blog

Algunas reflexiones de Marina en torno a la educación

Superficiales, ¿qué está haciendo internet con nuestras mente, Nicholas Carr

Michel Serres habla sobre Pulgarcita, vídeo

Lectura crítica completa de Pulgarcita en Pensar los Medios