Los ciberpositivos esperan que se dé un bárbaro cambio evolutivo a partir de la influencia de las nuevas tecnologías. Ya saben: los famosos nativos digitales —o sus nietos o los nietos de sus nietos—  que son la pera o lo llegarán a ser; les saldrán branquias  para respirar la polución digital y tendrán un cerebro distinto capaz de procesar datos de diferentes fuentes en el mismo acto de conocimiento.
 
 
Mientras tanto, si hablas por teléfono en el coche te multan porque pones en riesgo tu vida y la de los demás conductores. Incluso el manos libres está en el ojo de la DGT para darle carpetazo porque no está nada claro que podamos concentrarnos en la conducción y en la charla porque el peligro no está en tener las manos doblemente ocupadas, sino en tener la atención dividida.
 
 
Mientras tanto, digan lo que digan mis alumnos para disfrazar su pereza, estudiar con música, con el móvil soltando alarmas del whatsApp, el ordenador con el twitter  o el tiktok abiertos, no es multitarea, sino multidistracción y pérdida de tiempo.
 
 
Mientras tanto, los TDA no son chavales con capacidades nuevas a los que la escuela no sabe atender, sino alumnos con una patología que les impide controlar su capacidad de concentración y acceder al aprendizaje destrozando además el ambiente de trabajo del aula.
 
 
Mientras tanto, hoy, el desafío es qué hacer en este panorama de la distracción para recuperar la atención. Y parece que, por ahora, no hay más métodos que los de siempre: la disciplina y la exigencia que exigen y entrenan la lectura y la meditación; es decir,  el silencio y el espacio para el pensamiento.
 

«Porque este es otro de los descubrimientos de los primeros usuarios de los programas multitarea. Están tan saturados que no tienen tiempo muerto para el pensamiento, que solo aparece en momentos de contemplación y no hacer nada», dice nuestro artículo de referencia.

 

Por eso, «Levy aboga por recuperar el silencio y diseñar espacios de trabajo diáfanos que favorezcan la contemplación (como -¡atención!- los amplios salones de una biblioteca). «Necesitamos el equivalente a los bosques protegidos y las marismas para cuidar nuestro ecosistema mental«».

 

Ya que la atención es un recurso tan limitado en cada cerebro, como el agua lo es en el planeta (Robert Simone y Tommy Poggio, investigadores del MIT), siga estos consejos… si puede:

 

  1.  Deje de prestar atención a las cosas que no tienen un impacto directo sobre su vida

  2. Sea implacable con la selección de sus fuentes

  3. Tome el control de su email y sea consciente de que cada mensaje trivial que conteste aumentará exponencialmente la cantidad de mensajes de la misma naturaleza que reciba

  4. Deje de informarse y actúe. 

Ahí es nada.

P.S.: no os debéis perder el post de Enrique Dans de hoy que os acabo de enlazar. Cuenta una historia de consumo y de Antena3  muy interesante para los usuarios: «cuando algo parece spam, molesta como el spam y huele a spam, es porque es spam». 

Tampoco está nada mal la entrada de CO2: muy ilustrativa para los climaescépticos.