Carlos Enrique Bayo escribe en Público.es un interesantísimo artículo en el que se pone de manifiesto que lo de la privacidad que comentábamos el otro día tiene unas derivaciones estremecedoras desde el punto de vista del acceso, análisis  y control de los datos que manejamos en las redes de la Red.

Durante  dos años, un equipo de informáticos y matemáticos se encerró en un extremo del ala norte del cuartel general electoral del presidente norteamericano, en Chicago trabajando veinticuatro horas diarias, los siete días de la semana para calcular sin cesar complejas ecuaciones sobre la demografía americana.

Primero, se dedicaron a una inmensa recopilación de datos: unificar todas las bases de datos empleadas en la histórica victoria de la campaña anterior de 2008 (de donantes, de encuestadores, de voluntarios, ficheros del propio partido, las recopiladas en las redes sociales sobre los que especifican sus preferencias políticas y las de electores indecisos en cada uno de los estados basculantes cuyos votos deciden quién será el presidente. En segundo lugar, cruzaron, compararon, verificaron  y corrigieron hasta el último detalle personal del perfil de decenas de millones de votantes potenciales: «Tres cuartas partes de los factores introducidos en los ordenadores eran básicos: edad, sexo, raza, zona de residencia, nivel de ingreso, inclinaciones políticas, historial de participación electoral… Pero todo ello se completó con sus perfiles de consumo, de aficiones, de preferencias, de círculos de amigos» extraídos de Facebook. Por último, se aplicaron programas informáticos de predicción para descubrir los diferentes estímulos que podrían impulsarles a apoyar a Obama.

El primer fruto de este trabajo fueron las donaciones  a partir de decenas de pruebas de ensayo y error, se dio con la fórmula del  «Quick Donate, una forma de donar pequeñas cantidades a la campaña de Obama sin necesidad de introducir cada vez los datos personales y bancarios. Las aportaciones de esos donantes se multiplicaron por cuatro de la noche a la mañana.» Nunca se había obtenido tal cantidad de millones de gente modesta.

Luego los votos. Se detectaron con absoluta precisión los votantes indecisos a los que se les hizo un seguimiento informático «estudiando a través de las redes sociales sus reacciones frente a cada evento que alteraba los sondeos preelectorales, identificando a los que cambiaban de opinión a partir del primer debate, que el presidente perdió claramente».  A partir de miles de simulaciones digitales de cada jornada cada noche se programaban las estrategias del día siguiente:

«Una app que transmitía automáticamente mensajes (elaborados por sociólogos y psicólogos) animando a sus amigos y conocidos a registrarse para votar, o a participar en un mitin de campaña, o a acudir a las urnas el día de las elecciones… El 20% de los que recibían un mensaje vía Facebook hacían exactamente lo que se les pedía, pues al fin y al cabo era la recomendación de un amigo»

Estudiar los perfiles de las mujeres menores de 35 años del condado de Dade, vitales para ganar Florida averiguando que la mayor parte eran fans de unas determinadas series de televisión. «De inmediato, los espacios publicitarios de esos programas (como Sons of Anarchyo The Walking Dead) se llenaron de mensajes de Obama diseñados para convencer a las jóvenes del perfil buscado

Organizar una velada en Hollywood con George Clooney  y con sorteo de entradas para mujeres entre 40 y 49 –de nuevo cruciales para el resultado– cuyos perfiles de Facebook mostraban que lo que más deseaban era cenar con el actor. Pura política pop.

Entre las mujeres de la costa este, se hizo lo mismo con  Sarah Jessica Parker a cuyo apartamento acudió el mismísimo Obama para un acto en el que también se sorteó la participación de las afortunadas asistentes.

«En la noche del escrutinio, ni los analistas más avezados, ni mucho menos los expertos reunidos en torno a Romney, se explicaban cómo era posible que prácticamente todos los decisivos estados bisagra (menos Carolina del Norte) estuvieran cayendo, uno tras otro, en el campo del presidente, […] todos ellos por estrechísimos márgenes».  

Desde hace años, sin que nosotros seamos conscientes, las autoridades nos vigilan con cámaras en la calle; las cámaras de seguridad nos han venido vigilando como si fueran microscopios y nosotros ratas para  analizar qué se esconde tras nuestras actitudes e influir después en nuestras decisiones de compra en los grandes almacenes… Ahora somos nosotros los que voluntariamente nos desnudamos en la Red para que los expertos demógrafos nos manipulen inmisericordemente para influir en nuestras decisiones de voto.

¿Democracia o Facebookracia? Lo dicho: política pop. Una nueva consecuencia de las redes.

Coda: en el artículo hay una frase verdaderamente escandalosa: «Sólo un medio de comunicación, TIME, estaba al tanto de la táctica secreta que definió esa victoria, y sus periodistas estaban juramentados a no revelarla hasta que se proclamase un vencedor». Es el «nuevo periodismo».