Del mismo modo que la denominación nuevas envuelve a las tecnologías en un halo de prestigio publicitario y consumista, el adjetivo digital convierte en oro todo lo que toca. Últimamente leo y oigo a menudo la denominación mente digital: algo (¿?) que poseen los famosos nativos, gentes con una intensa agudeza visual, gran coordinación óculomanual, pensamiento estratégico, acceso intuitivo a las páginas web, cerebro hipertextual… una especie de superhombres que son como son únicamente porque han nacido entre los algodones mágicos de ordenadores, IPhones y teclados de teléfonos móviles y se les ha pegado un no sé qué sólo de usarlos.

La exitosa clasificación de Marc Prensky en «nativos» y «emigrantes», en vez de intentar explicar una determinada realidad ha dividido a la humanidad en dos categorías enfrentadas (positivo-negativa, lista y tonta, buena y mala). Una clasificación tan clara como difícilmente comprobable desde el punto de vista sociológico. Una clasificación, en su maniqueísmo interesado y a mi juicio, completamente falsa.

Ya hemos discutido aquí el asunto en otras ocasiones (véase nativos y emigrantes, nativos y emigrantes 2, y la serie de Ordenadores en la escuela. ¿Pero de qué se ríen?). Hoy me interesa subrayar el hecho de que tal clasificación no sólo es pura invención, sino que ha producido una especie de vértigo vergonzoso en muchos profesores y padres. Una vergüenza que Anibal de la Torre en su bitácora denomina y describe muy acertadamente como el complejo de Mark Prensky que, básicamente, consiste en creer que padres y educadores somos en general inferiores en inteligencia y capacidades porque tenemos que leer el folleto de instrucciones del DVD, no movemos igual de rápido el pulgar al teclear con el móvil o no perdemos el tiempo estando todo el día colgados de Facebook, Tuenti o el Messenger, frente a  esa nueva generación digital (¿?) incapaz de profundizar, que hace varias cosas a la vez y ninguna bien, lee y escribe con enorme dificultad y se sumerge cada vez más en la hiperestimulación sensorial y la pérdida de tiempo de un consumo masivo de ocio-pantalla.

Sacúdanse el complejo, amigos y emigren sin miedo. La tecnología es sólo eso: tecnología; y ha estado, está y estará siempre al servicio del que la sabe utilizar… bien. Y para utilizarla correctamente hay que tener la cabeza en su sitio, con un pensamiento fuerte, ideas claras, una buena dosis de cultura, matemáticas, lengua, algún idioma, buenas lecturas, etc. Como siempre. Si no es así, el nativo se queda sólo en salvaje y en vez de usar la tecnología será está la que acabe abusando de él. No hay nada nuevo bajo el sol tecnológico. Educación y de la buena.

Usen las tecnologías, pero no las consuman o serán consumidos por ellas.