Aunque, como siempre, la cosa era obvia, un estudio médico-científico [Baylor College of Medicine, en Houston (Estados Unidos), publicado en Pediatrics] viene a corroborarla: no es lo mismo jugar al fútbol, ir en bicicleta, jugar a tulallevas o a churrova, que estar con la Wii delante de una pantalla haciendo como que juegas al tenis, como que boxeas o como si encestaras en una canasta virtual. Puede ser divertido, puede ser más social que el videojuego solitario de sofá, pero no genera más actividad física. 
Y hay que decirlo porque si ya muchos padres se autoengañan cuando compran videojuegos  de asiento con argumentos  tan profundos como que «por lo menos desarrollan los reflejos» y «son supermodernos» y «es lo que hay» o incluso «es lo que hacen todos»… últimamente se han vendido estos llamados videojuegos activos como juegos que al ponernos de pie, pueden ser incluso un estímulo de la actividad física.

Sin embargo, el estudio lo dice de manera taxativa: «los menores aficionados a estas actividades de las videoconsolas no practican más actividad física moderada o vigorosa que quienes juegan con videojuegos sentados en el sofá».

Así que ¡Hala a correr al campo, a la calle, al parque, al club deportivo…! ¡Más realidad y menos virtualidad! Más acción y menos adicción. A veces no es necesaria más tecnología que una tiza