
En el último post, hemos dialogado con Enrique Dans de educación. Hemos visto, creo, cómo la ceguera del copyleft le arrebataba en la furia del intento de matar el libro de texto. Hemos visto como, de nuevo, otra vez se sugiere a la escuela una nueva misión educativa: enseñar a Navegar.
Así insiste en uno de los post ya comentados: «la educación debe incluir el manejo de información de la red y todo el conjunto de prácticas de verificación y comprobación de lo que podemos encontrar en ella. Un proceso educativo que enseñe a los niños a buscar información, a comprobar sus fuentes y a validarla en función de distintos criterios es lo que hace falta para desarrollar la pluralidad como valor y para aprender a evitar la manipulación»
Sí. Otra vez la escuela. Es absolutamente cierto que la escuela debe introducir al alumnado en el desarrollo de esas habilidades. Ya hemos dicho que como no tiene más remedio que hacerlo, lo está haciendo ya. Pero es muchísimo más cierto que lo que realmente dota al alumnado de esas competencias no son determinadas prácticas, sino, precisamente y de nuevo, el trabajo educativo en una doble dirección: por un lado, una buena cabeza formada en la historia del pasado, su comprensión y su sentido; el conocimiento directo de los clásicos; la capacidad de comprender un texto, sintetizarlo, valorarlo, criticarlo y escribir sobre él; una firme y adecuada formación científico-técnica. Por otro, la construcción de una interioridad profunda en la que se cultiven valores como la generosidad, el esfuerzo, la coherencia, la integridad, la sinceridad y una buena formación afectiva. Dame un alumno formado de ese modo y después facilítale cualquier herramienta tecnológica que la aprovechará al máximo y evitará en ella cualquier intento de manipulación.
Lo que me preocupa es que con la televisión no lo hemos conseguido. Ha sido y es más fuerte su deseducación visual y totalizadora que lo que la escuela, la familia y la tribu social han podido hacer hasta el momento. Estábamos todos –padres, alumnos y profesores, políticos y pedagogos, la tribu entera– demasiado distraídos con ella. ¿Lo estamos menos ahora con Internet? Me temo que no.
«¿La información nos hará libres? – termina Dans– No, mientras no aprendamos a gestionarla y a verificarla adecuadamente.»
La información no nos hará libres, amigo Dans, en ningún caso. Lo que nos hará libres, siempre, es el conocimiento de la Verdad, el ejercicio de la Bondad y la capacidad de disfrutar de la Belleza. Y para alcanzarlas hace falta algo más que técnicas y, desde luego, algo más que tecnología.



«la educación debe incluir el manejo de información de la red y todo el conjunto de prácticas de verificación y comprobación de lo que podemos encontrar en ella. Un proceso educativo que enseñe a los niños a buscar información, a comprobar sus fuentes y a validarla en función de distintos criterios es lo que hace falta para desarrollar la pluralidad como valor y para aprender a evitar la manipulación». Pues….. para lograr esto, Sr. Dans, lo mejor de lo mejor es empezar (y persistir) la educación de los niños con libros de texto entre sus manos. Luego, en su momento, cuando crean los maestros, será el ídem óptimo para el transvase a las tecnologías, pero siempre con una cierta cultura del libro. Que como usted cree, no se trata sólo de «leer» en papel, sino de entender lo que se lee, a más de innumerables conocimientos sobre lo que es un libro.
Totalmente de acuerdo con la argumentación central de Pepe: con esas dos despensas bien nutridas, difícil será que el alumno se «desoriente» en el uso de las tics. Item más, serán el aprendizaje más valioso y útil para vivir su propia vida.
La afirmación «la libertad nos hará libres» carece de lógica y no resiste ni el primer asalto dialéctico.
José Luis
Buenas cabezas y buenos corazones. Que sí, que eso es lo importante. Lo demás vendrá por añadidura.