Pocas imágenes como esta magnífica fotografía de José Martín Galindo, pueden expresar mejor que detrás de la tecnología están las personas, está la vida, estamos todos nosotros.
He aquí la mirada y el corazón de  tres generaciones de una misma familia en torno al resplandor de la pantalla. La expresión de cada rostro no tiene desperdicio. Alegría y emoción se mezclan con diferente intensidad: el rostro de la abuela es la emoción extrema de lo mucho vivido; el del nieto más pequeño, precisamente por su juventud aún incapaz de calibrar el sentido y el sentir profundo de las cosas, es el más distante. En los demás domina la alegría de ser espectadores de lo que ven y protagonistas de lo que viven.

Ocho mil kilómetros más allá, otra pantalla congrega a una familia parecida con parecidas emociones y rostros.

Una pantalla, un ordenador, un software… han unido durante unos minutos dos realidades humanas separadas por el espacio y el tiempo. Es en este caso una tecnología interactiva tremendamente viva.