Y hablando de la publicidad que veían ayer los abuelos, un número atrasado (18 de noviembre de 2009) del boletín Aceprensa, analiza el tema del uso del retoque fotográfico en las revistas ligado sobre todo a la creación de una imagen femenina en el inconsciente colectivo.
Me sirve a mí para retomar el tema de la Verdad Publicitaria que tratamos anteriormente aquí.
Quizá, como advierte el artículo, la duda que se despierte en muchos es que como la publicidad está a medio camino entre el arte y la información, no se puede establecer que la publicidad mienta puesto que está interpretando la realidad desde un punto de vista estético.  Sin embargo, en mi opinión, lo que lo define lo artístico es  precisamente la gratuidad, es decir, la ausencia de cualquier otra finalidad que no sea su finalidad contemplativa, y  no parece que sea esa la intención publicitaria en la que lo artístico no es sino un elemento más  para atrapar nuestra atención y, finalmente, manipular nuestro deseo para conseguir vender. En cuanto a la información, si aquello de lo que se informa parte de un presupuesto falseado de la realidad, la información es perversa, es mentira, no es información sino manipulación.
Las modelos que aparecen en las pasarelas pesan un 23% menos de la media normal; varias modelos han muerto de anorexia desde el año 2006;  Ralph Lauren llega al absurdo del anuncio que encabeza el post: la foto proviene de los blogs Boing boing y Photodisasters contra los que se querelló sin éxito la marca; las mujeres que se muestran de acuerdo con su propio cuerpo no llegan al diez por ciento… Son datos que aporta el análisis.
También se han producido algunos movimientos para limitar el abuso de la irrealidad publicitaria en el mundo de la moda:
·        La directora de la Vogue británica convocó a las casas de moda más influyentes para acabar con la cultura de la «talla cero»
·        La revista Briggitte, una de las más vendidas en Alemania, ha decidido dejar de usar el Photoshop para utilizar modelos corrientes y desconocidas.
·        La americana Glamour se ha unido a esa iniciativa.
·        Las campañas publicitarias de Dove y su belleza real.
·        Kate Winslet,  (frente a la mayoría de las superestrellas que prohíben la publicación de sus arrugas o celulitis) ha llevado a los tribunales al medio que la retocó de tal forma que no se sentía identificada con su propia imagen.
·        Peter Lindberg ha fotografiado sin maquillaje y sin Photoshop a Mónica Belluci, Eva Herzigova y Sophie Marceau
«Tengo la sensación —dice— de que durante mucho tiempo retocar las imágenes ha tenido demasiado peso en la forma en que se define visualmente a las mujeres».
En el análisis citado se cuenta cómo la diputada francesa Valérie Byer presentó en septiembre de 2009 una propuesta de ley para que en las fotografía publicadas en los medios de comunicación sea obligatorio advertir si han sido modificadas.  En aras de la verdad publicitaria, las imágenes tratadas con Photoshop irían con este o parecido aviso: «Fotografía retocada para modificar la apariencia física de una persona». He tratado de saber en la nube si la iniciativa prosperó. Lo dudo. Pero aunque lo hubiera conseguido, hubiera sido de dudosa eficacia porque, como dice el artículo, «la fuerza psicológica de la imagen es muy potente   y el cerebro percibe e identifica la realidad por las impresiones que captan sus sentidos.  La visión de una modelo perfecta es más poderosa que las dos  palabras “foto retocada». De nuevo el esfuerzo de la palabra frente al poder de la imagen.
Ya hemos comentado aquí que uno de los secretos de la sociedad de consumo es conseguir la  permanente insatisfacción del consumidor y mientras discutimos hipócritamente si miente o no, el caso es que la publicidad ha ido creando en las sociedades occidentales un universo de imágenes y cánones de belleza irreales e inalcanzables que mantiene permanentemente insatisfechas a la mayoría de las mujeres y a algunas las conduce a la autodestrucción.