Nos advierte que la red no es un cambio tecnológico más. Es un salto. Se diferencia del resto de los medios de comunicación de masas en que es bidireccional (enviar y recibir mensajes, intercambiar información, nos conecta a unos con otros: blogs, vídeos, fotos, canciones, podcasts, Wikipedia, YouTube, Flickr, Huffington Post, Facebook, Twitter, MySpace…) y en que no desplaza sino que absorbe y sustituye a sus predecesores.
«Una vez que la información se digitaliza, los límites se disuelven. Reemplazamos nuestras herramientas especializadas por una sola navaja multiusos». La red se ha convertido en el soporte de nuestra máquina de escribir y nuestra imprenta, nuestro mapa y nuestro reloj, nuestra calculadora y nuestro teléfono, nuestra oficina de correos y nuestra biblioteca, nuestra radio y nuestra televisión. Al texto inicial, se han incorporado fotografías, dibujos, el cine y la televisión. «Cientos de años comprimidos en un par de decenios».
«”Un medio nuevo nunca es una adición a otro viejo ―dice McLuhan― ni deja nunca al viejo en paz. No deja de oprimirlo hasta forzarlo a una nueva forma y posición”. Así los medios tradicionales están siendo remodelados y reposicionados (en su transición digital). Cuando la Red absorbe un medio, lo recrea a su imagen y semejanza. (forma física, hiperenlaces, fragmentación en secciones para las búsquedas, inclusión a su alrededor de todos los demás medios que ha absorbido) Y estos cambios en la forma modifican también el modo en que usamos, experimentamos e incluso comprendemos el contenido.»
Lo dicho: no es un cambio, es una transformación.




Hoy se llevaban de deberes mis alumnos de 3º de ESO la pregunta «¿que no puedes hacer sin internet?» Uno de ellos, mientras lo copiaba, afirmó: «quien no se conecta no existe, profe, y es un analfabeto».
La nube…
Un saludo.
¡Ay, la existencia, Negre!
¡Vaya! Con lo contento que me quedé en la anterior entrada, en la que se nos dijo que las nuevas tecnologías de la distracción «desplazan pero no reemplazan» al libro y su hegemonía cultural, y hoy debemos leer que de eso nada, que la Red no es un cambio más, sino un salto que «no desplaza sino que absorbe y sustituye a a sus predecesoras (tecnologías, se supone que a la del libro incluída)».
Tal vez, no lo sé, vaya desapareciendo hasta su casi extinción, el libro de consulta, los diccionarios, incluso muchos manuales, y queden los que procuren el disfrute de la creación y el estilo literarios, para los amantes de la literatura.
Esta es la tesis central del libro de Carr: con la red, la novedad es que es globalmente tecnófaga. Las anteriores tecnologías nuevas nos distraían más o menos, esta todo lo absorbe y todo lo cambia.