Nicholas Carr divide las tecnologías en cuatro grupos: las que sirven para aumentar nuestra fuerza, las que aumentan la potencia de nuestros sentidos, las que nos permiten actuar sobre la naturaleza y las que llama «tecnologías intelectuales», aquellas que sirven para potenciar nuestras capacidades mentales: buscar y guardar información, articular ideas, aumentar nuestra memoria. La escritura y la lectura, el mapa, el reloj, la máquina de escribir, el ábaco, la regla de cálculo, el sextante, el globo terráqueo, el libro, el periódico, la biblioteca, la televisión (que a pesar de su nombre no es un simple catalejo), el ordenador, internet…son tecnologías intelectuales.
El lenguaje no es una tecnología sino una capacidad humana innata. Leer y escribir, en cambio, son actos antinaturales a los que nuestras mentes han tenido que amoldarse y que en su momento también despertaron suspicacias. Carr reproduce al respecto un fragmento del Fedro de Platón en el que se debate la cuestión de la escritura:
«”Queda la cuestiónmusita Sócratesde la propiedad e impropiedad de la escritura”.  Sócrates cuenta el encuentro del dios egipcio Tot, inventor del alfabeto y Thamos, uno de los reyes de Egipto. “Hará al pueblo de Egipto  más sabio y mejorará su memoria al proporcionarle una receta para el recuerdo y la sabiduría”. Thamos discrepa y le recuerda al dios que un inventor no es el juez más confiable del valor de su invención. “¡Oh, gran artesano! A unos les es dado el crear objetos de arte y a otros el juzgar qué grado de daño y de beneficio tendrán para quienes los empleen. Y es así que, debido a la tierna solicitud por la escritura que está en tu crianza, has declarado lo contrario a su verdadero efecto”. En caso de que los egipcios aprendan a escribirse implantará el olvido en su alma: dejarán de ejercitar la memoria, ya no desde dentro de sí mismos, sino por medio de marcas exteriores”. La palabra escrita no esuna receta para la memoria, sino un recordatorio. Y no es verdadera sabiduría lo que ofrecerás a tus discípulos, sino su apariencia. Parecerá que saben mucho, pero la mayoría de ellos no sabrán nada”. Estarán llenosno de sabiduría, sino del orgullo de parecer sabios”. “Sólo un simpledice Sócrates a Fedropensaría que un relato escrito es mejor en absoluto que el conocimiento y recuerdo de las mismas cuestiones”. Mucho mejor que una palabra escrita en el agua de la tinta esuna palabra grabada por la inteligencia en el alma del que aprendea través del discurso hablado

Ya no podemos comprender las suspicacias de Sócrates, pero intuimos que efectivamente hubo una pérdida seguramente de carácter emocional y probablemente de un rigor y de una especialización en la expresión, de un dominio en el discurso y en la conversación  propios aún de los hábitos del siglo XIX y presente todavía en su literatura y que hoy se ha perdido quizá para siempre.

Podéis encontrar la reseña completa de Superficiales, ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? de Nicholas Carr,  arriba en la página pensar los medios