Mientras aquí, en pleno proceso de implantación de la llamada escuela 2.0, nos derretimos de entusiasmo cuando vemos entrar los ordenadores en el aula  tal y como ya hemos contado en algunos post anteriores, (Vid. 1, 2, 3, 4)  Carr nos descubre que en EEUU nos llevan 20 años de ventaja y están ya de vuelta y aquel fervor inicial, se ha convertido en desencanto al comprobarse que lejos de mejorar, la cosa parece que empeora.
«Allá por los años 80, cuando los centros educativos empezaron a invertir seriamente en informática, reinaba el entusiasmo: el hipertexto liberaría de la finitud de la página impresa, los lectores establecerían todo tipo de nuevas conexiones intelectuales; el hipertexto derrocaría la autoridad patriarcal del autor y liberaría a los lectores de la terca materialidad del texto impreso.

Al final de la década el entusiasmo comenzó a disiparse. Un estudio de 1989 demostró que los lectores de hipertextos a menudo acababan vagando distraídamente de una página a otra, en lugar de leerlas atentamente y las investigaciones no dejan de demostrar que la gente que lee texto lineal entiende más, recuerda más y aprende más que aquellos que leen texto salpimentado de vínculos dinámicos»
Citamos sólo dos de 2009 de los que aparecen en el libro: Patricia Greenfield, psicóloga,  en Science,  repasó de más de 50 estudios sobre los efectos que los diferentes medios de comunicación ejercen sobre la inteligencia, «todo medio desarrolla ciertas habilidades cognitivas en detrimento de otras» Las pantallas nos han llevado «a un desarrollo sofisticado y generalizado de habilidades visuales-espaciales». Pero nuestra «nueva riqueza en inteligencia visual-espacial» va aparejada de un debilitamiento de nuestras capacidades para el procesamiento profundo en el que se basa «la adquisición consciente, el análisis inductivo, el pensamiento crítico, la imaginación y la reflexión». 2009, Universidad de Stanford, batería de test a usuarios multitarea habituales, y usuarios multitarea esporádicos; conclusión: «los usuarios multitarea son pasto de la irrelevancia. Cualquier cosa les distrae. Al realizar simultáneamente varias tareas online, entrenamos nuestros cerebros para que presten atención a tonterías»
«La Red nos hace más inteligentes… para la Red», concluye Carr.

Pero aquí, nuestras autoridades educativas no se han enterado y en vez de emplear la escuela como un bastión para conseguir armar inteligencias organizadas que puedan aprovechar y disfrutar mejor la red, quieren introducir la red en la enseñanza de modo que licúe las inteligencias para hacerlas algodón en la nube.

Siempre tarde. Siempre más papistas que el Papa.

Podéis encontrar la reseña completa de Superficiales, ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? de Nicholas Carr,  arriba en la página pensar los medios