Me manda José Luis el enlace a un artículo de Fernando Sánchez Dragó en El Mundo y reproducido por el Manifiesto.com que no puedo menos de publicar aquí por su carácter iconoclasta, políticamente incorrecto y, por supuesto, profundamente medioambiental.
Medioambiental porque está dedicado a la figura de Steve Jobs cuya figura ha sido creada y recreada por el medioambiente simbólico. Políticamente incorrecto porque cuestiona lo unánimemente incuestionable. Iconoclasta porque  va dirigido a poner en cuestión ese icono mediático que entre todos hemos construido: los unos dando jabón sin el más mínimo sentido crítico, los demás tragando de un modo muy moderno, muy internáutico, muy sin filtro, el jabón que nos daban.

No es que la visión de Dragó sea la correcta -no se trata aquí de la verdad, sino de la información-, pero, al menos, es una voz discordante que nos recuerda que siempre se debe ir un poco más allá de las imágenes construidas para acabar teniendo una información cabal.

Pero lo interesante del artículo no es sólo la crítica que el autor hace del supuesto héroe científico-sentimental creador de Apple, sino su manera de hacerla: primero confiesa que no había oído hablar de Steve Jobs hasta el último mes de noviembre cuando este muere y los medios nos bombardean con sus edulcoradas semblanzas. Es enternecedor. Advierte después de que se ha enterado de quién es no en Internet, sino ¡Oh, anatema! ¡LEYENDO UN LIBRO de 737 densas páginas!. Todavía queda quien para enterarse lee. Confiesa públicamente que no sabe «lo que es un iPhone, ni un iPod, ni un iPad, ni un Mac, ni un pixel, ni Apple, ni nada… [que es] alérgico a tales cosas y estoy convencido de que, si las utilizase, me complicarían la vida» Hace falta estar muy desconectado ¿no?. Y añade: «Seguro que ustedes piensan que soy un troglodita. Muy bien. Piénsenlo, pero déjenme vivir en paz, sin intentar convencerme –todos los amigos, pesaditos ellos, lo hacen– de que dé cabida a tales artilugios en mi monástica, austera y paleolítica existencia.  Darían en hueso. Soy irrecuperable.» Solo el hecho de reconocer a un troglodita mediático es un hecho suficientemente valioso para este blog.

Y he aquí la semblanza tal y como la despacha en su columna en forma de notas tomadas mientras leía la biografía:

«Individuo antipático, inestable, neurótico, arbitrario, esnob, megalómano, vanidoso, despreciativo, desaprensivo, tiránico, despótico, cruel, desleal, manipulador, sin escrúpulos morales, angustiado, depresivo, deprimido, deprimente, llorón… Me ha caído fatal. Estoy hablando de su modo de ser, de su carácter, de su personalidad, no de sus logros.

Rasgos de psicópata. Seducía a todo el mundo y luego, después de hacerlos añicos, los abandonaba. Extrema frialdad emocional unida a una ambición desenfrenada.

Se ha convertido en un ídolo, en un objeto de culto… ¿Por qué? ¿Hay razones para ello? Sensación de que sus admiradores, imitadores y seguidores forman una especie de tribu análoga a las que se forman en torno a los gurúes, esos impostores…

Se creía Gandhi, Einstein, Nietzsche…

Usuarios de los Mac… Otra tribu, o la misma. Caros, de difícil compatibilidad, llenos de defectos, lentos, sin ranuras, inaccesibles… Eso es lo que muchos me dicen. Hablo de lo que no sé. Estoy haciendo de tábano, de abogado del diablo…

Lo acusaban de tener un “campo de distorsión de le realidad”. Sólo veía lo que quería ver, y eso le llevó a cometer errores de grueso bulto.

Hijo adoptado, metagenealogías de Jodorowsky, numerosos problemas durante toda su vida.

Sensación de haber sido elegido y de ser, por ello, especial.

Padre de una niña (Lisa) a la que abandonó cuando tenía 23 años, exactamente la misma edad que él tenía cuando su padre lo abandonó.

Prototipo de la contracultura: hippy, India, drogas, LSD, gurús, budismo zen y no zen, vegetarianismo extremo. (“Soy frutariano y sólo comeré hojas recogidas por vírgenes a la luz de la luna”. Frase ridícula con la que atormentó a su madre adoptiva). No se duchaba ni usaba desodorante, metía los pies en el agua del retrete para relajarse cuando estaba estresado. Y lo estaba a menudo.

Addendum – Steve Jobs escribió lo que sigue después de visitar en unión de toda su familia horizontal y descendente un hamán de Estambul: “Tuve una auténtica revelación. Todos íbamos cubiertos por túnicas y nos habían preparado algo de café turco. El profesor nos explicó que la forma en que preparaban el café era diferente de la del resto del mundo, y yo pensé: ‘¿Y qué coño importa?’. ¿A qué chicos, incluso en Turquía, les importa una mierda el café turco? Llevaba todo el día viendo jóvenes en Estambul. Todos bebían lo que beben todos los demás chicos del mundo, todos llevaban ropa que parecía sacada de una tienda Gap y todos utilizaban teléfonos móviles. Eran iguales que los jóvenes de todas partes. Me di cuenta de que, para los jóvenes, el mundo entero es un mismo lugar. Cuando fabricamos nuestros productos, no pensamos en un «teléfono turco», o en un reproductor de música que los jóvenes turcos quieran y que sea diferente del que cualquier joven del resto del mundo pueda querer. Ahora somos todos un mismo planeta”. Estremecedor…»
Finalmente la entradilla que introduce su artículo: «Steve Jobs, ¿un «héroe» de nuestro tiempo? Quizá sí… Éste es el problema».

Desde luego, yo para héroe lleno de defectos, me quedo con el troglodita.