Resultado de imagen de Desconexión

Comentábamos hace unos días el caso del joven que había abandonado Facebook tras una experiencia en el ascensor que le hizo pensar en la fragilidad extrema de la privacidad en la red.

Hoy, otro norteamericano, Jake Reilly, estudiante de Chicago, es el protagonista de una experiencia de autoexclusión. Desconectarse para poder conectarse es lo que intentó al prescindir durante 90 días de su móvil y de sus cuentas de Facebook, Twitter, Spotyfy y Linkedin de los Whatsapp y de todo lo que le mantenía conectado a la Red, pero a la vez desconectado de la realidad. Para «poder tener relaciones con personas y no con perfiles». Tal y como cuenta el artículo de El Manifiesto.com, «Jake Reilly vivía absolutamente absorbido por su móvil. Hablaba cerca de 1.000 minutos y enviaba 1.500 SMS al mes, estaba obsesionado con Facebook –se conectaba más de una hora y media cada día– y, como muchos, estaba enganchado a los tuits de las 250 personas que seguía en Twitter»

Desde el otro lado de la barrera, se le hicieron patentes algunos comportamientos que le habían pasado desapercibidos: la conciencia del tiempo ganado y verdaderamente libre, la superficialidad de sus amistades de la Red, el nivel de adicción de  los demás a los que veía mirando compulsivamente sus diversos juguetes electrónicos, la reconexión con sus amigos con los que antes se comunicaba mucho, pero apenas veía, e incluso la resistencia del aire al usar la bicicleta con la que se desplazaba a casa de sus ahora amistades  físicas, reales.

Sin embargo, cosas de la propia red, su gozo en un pozo porque el experimento ha terminado con una enfermedad mucho mayor que antes de la aplicación del remedio: después de que su padre contara las andanzas analógicas de su hijo en la web de deportes en la que trabaja y a sus 42.000 seguidores de Twitter, Jake se ha convertido en una celebrity  tan popular en Internet  que no le queda tiempo para nada que no sea contestar a los correos, responder a los comentarios de sus vídeos en YouTube, twittear y pasar el rato en Facebook.

Este es el texto traducido del vídeo:

«Una noche estaba sentado en mi apartamento con cinco de mis mejores amigos. Levanté la vista… , fui consciente de lo que estaba ocurriendo y decidí que no quería seguir por ese camino. No sabía muy bien lo que quería, pero sí sabía que antes de todo esto hubo una clase de existencia distinta y quise recordar cómo era. Así que corté todos mis lazos con el mundo exterior, me saqué a mi mismo de la proverbial Nube, le dije a mi madre que la quería y me puse en marcha para experimentar una vida completamente sin ataduras.

Y fue bastante duro, porque yo era el único que lo estaba haciendo. Todos y cada uno se mantenían en la burbuja de sus vidas totalmente conectadas y yo me encontré completamente aislado. Pero permanecí firme. Hasta que la gente finalmente empezó a darse cuenta. E incluso de alguna manera les encantó la idea. Y entonces llegó un momento en el que se produjo un cambio increíble. Una tarea que aparentemente no tiene fin para terminar de cambiar el modo en el que yo vivía mi vida. Todo fue mucho más sencillo. Empecé a tener relaciones con gente y no con perfiles web. Lancé chinas a las ventanas en vez de enviar textos. No tenía nada excepto tiempo en mis manos. Estuve increíblemente más calmado y en paz. Miré a mi alrededor en vez de leer la pantalla de mi teléfono. Y después de hacer esto durante 90 días puedo decir honestamente que no quería que terminara. Mi vida había dado un vuelco. Y, sí, sé exactamente lo que vais a decir: “Pero así es el mundo en el que vivimos”. Bueno, ¿no es quizás el momento de que nosotros vivamos en él? Porque no importa lo dependientes que pensemos que nuestras vidas son de algo, en realidad  no lo son.»