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Por último y en páginas centrales, el XL trae el reportaje de portada sobre «La inquietante pubertad exprés»: la edad media de inicio de la menarquía (primera menstruación) en el mundo occidental se ha adelantado entre uno y dos años en los últimos veinte mientras que se está retrasando el final de la adolescencia que ahora puede durar hasta diez u once años con lo que «se prolonga una etapa en la que el cerebro es especialmente vulnerable». No se sabe por qué: «la genética no puede haber cambiado en tan poco tiempo, pero la epigenética es nueva: tus genes son los mismos, pero se dan determinadas circunstancias ambientales que hacen que se comporten de distinta manera». La obesidad, el nacer con bajo peso, los cambios alimentarios, los químicos… Pero, siendo el cerebro el que da la orden de salida para los cambios físicos y neuronales hacia el mundo adulto ¿no tendrán  también algo que ver algunos o todos los cambios de comportamiento y de medioambiente simbólico que señalaban nuestros invitados en los post anteriores?
Gonzalo Morandé, jefe de servicio de la unidad de psiquiatría y psicología del Hospital Universitario Niño Jesús: «Nunca como ahora ha habido una apropiación tan intensa y masiva de los modelos de comportamiento de los adultos». Pasan más tiempo con ellos, la televisión, ávida de emociones fuertes, renueva sus guiones con conductas poco normalizadas. “¿O es normal que una profesora tenga un rollo con su alumno?”». La publicidad con referentes de menos de diez años que ya tienen novios y novias en los patios de recreo. Los actores de las series que interpretan a adolescentes de quince cuando su edad real es de veinticinco…
La edad de juego disminuye «Desde que empezamos a investigar ha bajado de los 14 a los 11 años». La infancia se reduce y cambia el contexto de socialización: del juego en el parque a la discoteca light para menores y luego el botellón: infantiadultos y adultescentes.
Son otros tiempos. ¿Y cómo nos afectan?