
En el editorial, se pregunta por cuáles son los referentes culturales de nuestros adolescentes, haciendo un paralelismo vertiginoso entre los héroes griegos Ulises y Héctor de las primeras tradiciones orales y escritas occidentales y los Ainhoa y Ulises de El Barco o el Luisma o la Lorena de Aída, por poner sólo dos ejemplos. ¿Cuál es la calidad de nuestras series dirigidas a los chavales; qué grado de fidelidad con la realidad transmiten; cuál es su calidad, su solvencia estructural, sus personajes en tres dimensiones, el talento de sus guiones…, y de qué modo influyen en los espectadores que las consumen?
En el interior hay una entrevista a Ruth García, creadora y guionista de Los protegidos de cuyas respuestas podemos aprender también algunas cosas sobre cómo es y cómo funciona el entramado sobre todo mercantil de las series nacionales.
Hace después una comparación del mercado audiovisual americano y el nuestro: ellos son tres veces más que nosotros, pueden hacer un producto para públicos muy seleccionados porque siempre serán un número suficiente para rentabilizar la serie. Aquí en cambio, las productoras se ven obligadas a hacer series de horquilla muy amplia en edad y características sociológicas: «un mismo producto tiene que satisfacer desde a la chica barcelonesa de 30 años, hasta al anciano de un pueblo extremeño». No cabe duda de que es más fácil producir con calidad para minorías que para públicos amplios, lo que condiciona mucho el trabajo de los guionistas nacionales y explicaría la relativa calidad de sus productos.
Es una manera de verlo. Y es que supongo que tendrá que dormir por las noches.




que tienes contra esas series es que yo las veia
Yo tambien era chulisima.
No se porque la quitaron