Nuestra revista Contraste audiovisual, editada por TAC trae este mes unas cuantas referencias interesantes alrededor de las series de televisión dirigidas a los jóvenes.
En el editorial, se pregunta por cuáles son los referentes culturales de nuestros adolescentes, haciendo un paralelismo vertiginoso entre los héroes griegos Ulises y Héctor de las primeras tradiciones orales y escritas occidentales y los Ainhoa y Ulises de El Barco o el Luisma o la Lorena de Aída, por poner sólo dos ejemplos. ¿Cuál es la calidad de nuestras series dirigidas a los chavales; qué grado de fidelidad con la realidad transmiten; cuál es su calidad, su solvencia estructural, sus personajes en tres dimensiones, el talento de sus guiones…, y de qué modo influyen en los espectadores que las consumen?

En el interior hay una entrevista a Ruth García, creadora y guionista de Los protegidos de cuyas respuestas podemos aprender también algunas cosas sobre cómo es y cómo funciona el entramado sobre todo mercantil de las series nacionales.

Comenta García que querían hacer una serie familiar creíble en el sentido de que el espectador está hecho a seres supranaturales en Kansas ya se sabe: aquello es América, pero no en cambio a héroes de Alcalá de Henares, por ejemplo.

Hace después una comparación del mercado audiovisual americano y el nuestro: ellos son tres veces más que nosotros, pueden hacer un producto para públicos muy seleccionados porque siempre serán un número suficiente para rentabilizar la serie. Aquí en cambio, las productoras se ven obligadas a hacer series de horquilla muy amplia en edad y características sociológicas: «un mismo producto tiene que satisfacer desde a la chica barcelonesa de 30 años, hasta al anciano de un pueblo extremeño». No cabe duda de que es más fácil producir con calidad para minorías que para públicos amplios, lo que condiciona mucho el trabajo de los guionistas nacionales y explicaría la relativa calidad de sus productos.

Es interesante también lo que dice sobre el público joven. Lo tienen muy claro: es un gran consumidor de televisión y de cosas. «En más de la mitad de los hogares españoles donde reside un adolescente de 14 años, éste decide casi el 50% de los productos del carro de la compra. Eso hace que los anunciantes quieran sus marcas en las series que consumen los adolescentes». Y eso hace que las televisiones encarguen series para esas marcas. Es un bonito círculo de decisiones económicas las que llevan a una cadena a programar esto o aquello. Nosotros esta vez los jóvenes, otras veces los menos jóvenes, siempre en función de nuestra capacidad de consumo­ somos el share, el producto a vender a las marcas.

Por último, respecto de la influencia social que puede tener lo que escribe, afirma con rotundidad que influye no sólo en los jóvenes, sino en todos: «todos buscamos reconocimiento en esos personajes que vemos en la pantalla […], queremos su ropa, su estilo de vida, vivir sus aventuras…» pero termina concluyendo ¿sinceramente? que lo que realmente influye de verdad es la familia y la escuela, por lo que no se siente «responsable del tipo de hombre que será el niño de diez años de hoy».

Es una manera de verlo. Y es que supongo que tendrá que dormir por las noches.