Cuenta nuestro vecino CO2, Antonio Uriarteque «un estudio psicológico publicado en Nature Climate Change, basado en una muestra de 1.540 adultos representativos de la sociedad norteamericana, ha mostrado que es falso que la apatía sobre el riesgo del cambio climático se deba a un déficit de la comprensión del asunto.
Al  contrario, las encuestas han probado que la preocupación climática disminuye a medida que aumenta el nivel de conocimientos científicos y numéricos de la gente».
Obviamente, si esto cierto, la actual preocupación generalizada por el cambio climático y sus funestas consecuencias sería directamente proporcional a la ignorancia que sobre el asunto se tiene.
Lo malo es que esto mismo ocurre, no sólo con el clima, sino con cualquier otro campo de la información. Es en la ignorancia donde aquellos que nos tenían que informar sobre las cosas conforman la opinión pública. No creo que haya ninguna mano negra y ni siquiera una intención de manipular. Es mucho más sencillo: hay una idea dominante en el ambiente —un símbolo dominante en el medioambiente simbólico, diríamos nosotros— y el redactor de turno se hace simplemente propagador de esa idea. Porque para ir contracorriente, hay que trabajar e informarse para luego informar. Siempre es mucho más fácil repetir lo que se sabe que va a ser recibido acríticamente porque es lo que opina todo el mundo que aquello que, aun siendo más verdadero, no es mayoritariamente asumido, no es políticamente correcto, no se ajusta al perfil dominante en el medioambiente simbólico.
Es el máximo goebeliano de repite una idea muchas veces y se convertirá en una creencia generalizada. Esta supuesta sociedad de la información es más bien la sociedad de la repetición. Tenemos más medios tecnológicos que nunca para hacer circular la información, pero no estamos por eso mejor informados; estamos mejor repetidos. No producimos información, sino repeticiones que confirman lo que ya sabemos y no nos ayudan a saber nada nuevo. En una redundancia global y generalizada las nuevas tecnologías se convierten en un eficacísimo instrumento de propagación de lo que todo el mundo ya sabe.
Las publicaciones analógicas y/o digitales repiten, repiten y repiten H.  Se hace luego una encuesta y se le pregunta a la gente qué es aquello que más le preocupa y ¿a que no saben qué?… pues H, naturalmente. Y el resultado de la encuesta se convierte en un dato más que parece avalar la realidad de H.
La gran noticia del invierno es que hace frío y la del verano que hace mucho calor. Sabemos qué tenemos miedo, pero no sabemos por qué. Percibimos el riesgo, sin verlo de verdad a nuestro alrededor. Tenemos una percepción de la temperatura del mundo, pero no es una verdadera percepción, es sólo una sensación térmica.