El 17 del mes pasado fue el día mundial de Internet. Antonio Delgadoy Jordi Sabaté publicaron en Consumer un interesante análisis sobre la red que pone sobre el tapete lo delgada y frágil que es la línea que separa en esta tecnología la seguridad de los usuarios y su libertad, el control sobre lo que en esta plaza pública ocurre  y la privacidad de los que por ella transitamos, los derechos sobre los contenidos y la capacidad de compartirlos… Un problema que los gobiernos de muchos países democráticos quieren afrontar, pero en el que no saben ni cómo ni por dónde empezar ante la velocidad de los cambios y la ingente cantidad de situaciones nuevas que generan y que permanecen sin regulación alguna. A juicio de muchos, están empezando muy mal porque lo que les obsesiona es el control y la seguridad y lo de la libertad, la privacidad y los derechos, parece que les importa bastante menos. Es más, parece incluso que el mero hecho de la existencia de la Red y sus posibilidades, es una tentación en sí misma para todos los gobiernos, pues —como hemos dicho otras veces— nunca antes había habido un instrumento más eficaz para el espionaje global, nunca antes los ciudadanos habíamos sido más transparentes. Excepto precisamente los que no quieren serlo y tienen medios para ello que son los que debían ser espiados y controlados.

 

De hecho, nadie duda de que en los países no democráticos, este espionaje y este control se está dando ya de manera efectiva sobre sus propios ciudadanos, pero también sobre todos los demás ­—¿hay forma de impedirlo?—; y en los países democráticos —al margen de lo que hagan sus servicios secretos— se están intentando crear regulaciones públicas que rayan o invaden directamente los derechos civiles consagrados por las constituciones.

 

ACTA, SOPA, PIPA, CISPA, … son siglas de diferentes regulaciones de este tipo en la línea de nuestra Ley Sinde, muy contestadas por defensores de la libertad en la red, muy activos frente al desarrollo de todas estas legislaciones: E. Dans, Tim Berners-Lee, o Rebecca MacKinnon, entre otros.

 

Tres botones de muestra: «En Reino Unido, — dice Consumer— el Gobierno prepara un plan para permitir que las diferentes agencias de inteligencia y cuerpos de seguridad puedan vigilar todas las comunicaciones en redes sociales, los sitios visitados por los ciudadanos británicos, las llamadas de teléfonos sobre Voz IP, como el popular programa Skype, así como los correos electrónicos. […]En Estados Unidos, el pasado mes de abril fue aprobada en el Congreso una nueva legislación denominada Ley de Intercambio y Protección de Información de Inteligencia Cibernética […que] da autorización a las empresas privadas a compartir los datos personales de los usuarios con el Gobierno y las diferentes organizaciones de seguridad, en el caso de que un ciudadano sea sospechoso de promover o participar en algún tipo de amenaza sin autorización de un  juez. […] En el mismo mes, el Parlamento Europeo reclamó una normativa parareforzar el control  de las exportaciones de aplicaciones informáticas por parte de empresas de la Unión Europea a regímenes autocráticos, con el fin de bloquear páginas web o ejercer algún tipo de censura de Internet o en redes móviles»

 

Dudo que se puedan poner puertas al campo, pero sí se puede —eso seguro— sembrar la hierba de micrófonos mientras todos los animalitos corretean felices. Y ya lo están haciendo.