Tenemos muchísimas más cosas de las que necesitamos (yo al menos). Entonces, ese «¿qué?» sólo tiene una respuesta válida: si el sistema económico capitalista (único vigente) no vende su producción, el tinglado se deshace como un castillo de naipes, se disuelve como un azucarillo. Es tal el grado de bienestar que debemos soportar económicamente, que de no consumir sin parar, el mundo se para.
Por otra parte, hay mucho mundo que aún no ha empezado a andar, ese mundo al que no le ha llagado todavía bienestar alguno.
El capitalismo debe ser reorientado y debe ser corregido su lado rapiñoso, insolidario, injusto.
La encíclica «Caritas in veritatae» de nuestro Santo Padre, expone con rigor, solvencia, lucidez y acierto, una radiografía de los efectos del capitalismo actual y cómo reorientarlos o, mejor dicho, qué finalidades debe de perseguir la economía. La «Nueva Economía».
Sobran electrodomésticos sin duda, y también sobran lobbies, holdings, economías bursátiles, gasto no productivo, productos financieros, paraísos fiscales, corrupción, ……. sobran «dueños de la economía».
Falta conversión interior, regeneración ética y moral, conductas de amor, reordenar los valores que rigen la sociedades desahogadas, ……. ¡tantas cosas están por hacer!
Tal vez por esto dijera Juan Pablo II que el siglo XXI sería el de la Religión. Parece ser que el hombre cuando no es persona acaba notándolo y se rebela. Ojalá sea una rebelión ante el «artículo» en que ha llegado a convertirse. Quizás ésta deban asumirla las nuevas generaciones (en las que tanto confió siempre nuestro Papa) pero no veo factible que la entidad «espíritu» o «alma» acabe extinguiéndose y pasemos a ser meras cosas.
Como siempre, Mafalda ¡una delicia!
Hace tiempo que ya estamos hace en el «¿qué?».
Tenemos muchísimas más cosas de las que necesitamos (yo al menos). Entonces, ese «¿qué?» sólo tiene una respuesta válida: si el sistema económico capitalista (único vigente) no vende su producción, el tinglado se deshace como un castillo de naipes, se disuelve como un azucarillo. Es tal el grado de bienestar que debemos soportar económicamente, que de no consumir sin parar, el mundo se para.
Por otra parte, hay mucho mundo que aún no ha empezado a andar, ese mundo al que no le ha llagado todavía bienestar alguno.
El capitalismo debe ser reorientado y debe ser corregido su lado rapiñoso, insolidario, injusto.
La encíclica «Caritas in veritatae» de nuestro Santo Padre, expone con rigor, solvencia, lucidez y acierto, una radiografía de los efectos del capitalismo actual y cómo reorientarlos o, mejor dicho, qué finalidades debe de perseguir la economía. La «Nueva Economía».
Sobran electrodomésticos sin duda, y también sobran lobbies, holdings, economías bursátiles, gasto no productivo, productos financieros, paraísos fiscales, corrupción, ……. sobran «dueños de la economía».
Falta conversión interior, regeneración ética y moral, conductas de amor, reordenar los valores que rigen la sociedades desahogadas, ……. ¡tantas cosas están por hacer!
Tal vez por esto dijera Juan Pablo II que el siglo XXI sería el de la Religión. Parece ser que el hombre cuando no es persona acaba notándolo y se rebela. Ojalá sea una rebelión ante el «artículo» en que ha llegado a convertirse. Quizás ésta deban asumirla las nuevas generaciones (en las que tanto confió siempre nuestro Papa) pero no veo factible que la entidad «espíritu» o «alma» acabe extinguiéndose y pasemos a ser meras cosas.
Sobra el segundo «hace» en la segunda línea.