Antena 3 celebra este año su onomástica: 25 años de televisión privada. Están muy contentos de haber llegado hasta aquí.

 

En medio de este nuevo mundo de conexión permanente, de móviles, de internet, de Twitter y Facebook y de cambios vertiginosos en soportes, velocidades y modos de informar, entretener y, sobre todo, compartir… es un aniversario que pasa desapercibido.

 

Si siempre la televisión se ha caracterizado por ser paradójicamente invisible porque se ve tanto que no deja tiempo para pensar en ella y porque está tan introducida en el tejido de nuestros hábitos cotidianos que no nos damos cuenta de su presencia, hoy la televisión no sólo es invisible al análisis, es que nadie se interesa por analizarla. Si antes no éramos conscientes de su existencia por su omnipresencia y para pensar en ella teníamos que hacer el acto consciente de apagarla, ahora hemos decidido que ya no existe y que por tanto no produce efecto alguno. Estamos tan preocupados por la irrupción y los efectos de los nuevos medios digitales que hemos pasado la tele a la trastienda donde se la sigue viendo con la misma intensidad que siempre –los índices de audiencia no han dejado de aumentar, aunque se haya producido una fragmentación de los números de audiencia–, pero sin que se note: hemos decidido que aunque se vea ya no cambia nada, no influye nada. Son los nuevos medios los que están verdaderamente cambiándolo todo a nuestro alrededor, incluso cambiando a la misma televisión.

 

Sin embargo, no hay nada más falso. La televisión –quizá no el televisor, pero sí la televisión–, sigue siendo hoy la reina de las pantallas, sigue marcando la agenda del resto de los medios y continúa ejerciendo una enorme influencia individual, familiar y social. Y 25 años de televisión privada son un buen momento para reflexionar de nuevo sobre sus efectos. Un buen momento para ver qué nos ha aportado: ¿nos ha hecho más libres? ¿Ha logrado profundizar y afianzar la democracia? ¿Ha supuesto, como se preveía entonces, aumentar la oferta unidireccional de las dos cadenas públicas? ¿Ha enriquecido nuestro medioambiente simbólico?

 

Hay en el blog multitud de post dedicados a este medio que podéis repasar con las etiquetas en las que aparece la palabra televisión, pero creo que lo dijimos casi todo y bastante bien en aquel Qué pasa con la tele, algunas ideas para pensar la televisión que editamos hace quince años junto al Gobierno de Aragón. Vale la pena releérselo. Yo lo he hecho. De entonces para acá la televisión no ha mejorado nada. Por el contrario,  ha profundizado en los rasgos que la caracterizan.

 

Hace quince años eran estos:

¿QUÉ PASA CON LA TELE?

Algunas ideas para pensar la televisión

 

CERO

 

LA TELEVISIÓN es, sin duda, el fenómeno audiovisual -¿y cultural?- más importante del siglo XX y, sin embargo, resulta paradójicamente invisible. Pasa desapercibida de tan evidente y continua que es su presencia entre nosotros.

 

Por otra parte, cuando se habla de TV, el análisis, casi siempre negativo, se suele centrar en los contenidos pasando por alto al medio en sí que, a nuestro juicio, es lo verdaderamente relevante puesto que es el medio y no el contenido lo que produce un impacto social profundo y distorsionador.

 

Estas reflexiones dirigidas, sobre todo, a padres y educadores, no pretenden agotar el tema de la televisión ni elaborar ninguna teoría de la imagen, sino simplemente evidenciar algunas de las características de este medio y, más aún, de su relación peculiar y compleja con el usuario para que ambos –TV y relación- mejoren.

 

Apaguen un momento el televisor, pasen y lean:

 

 

UNO: una cuestión de cifras.

 

1 Los españoles vemos la televisión una media diaria de 3 horas y 30 minutos.

 

2 Eso supone la mitad de nuestro tiempo de ocio.

 

3 Ver la TV es la principal actividad de las personas en cantidad de horas después del trabajo y del sueño.

 

4 El 99.5% de los hogares tiene televisor (99.4% frigorífico, 90,8% horno, 87,6% teléfono móvil, 47% ordenador).

 

5 En el 60% de los hogares hay ya más de uno.

 

6 La mitad de la población española sólo se informa a través de la televisión.

 

7 El 90,7% ve la televisión todos los días.

 

8 Los escolares españoles pasan más tiempo al año delante del televisor que en clase.

 

9 La oferta de canales que muy pronto vamos a tener con la digitalización y la fibra óptica va a ser prácticamente universal e ilimitada.

 

 

DOS: Los hombres grises

 

«(…) Porque el tiempo es vida. (…) Y nadie lo sabía tan bien precisamente como

los hombres grises.

Nadie sabía apreciar tan bien el valor de una hora, de un minuto, de un segundo de su vida, como ellos. Claro que lo apreciaban a su manera, como las sanguijuelas aprecian la sangre y así actuaban. (…) Se habían incrustado en la vida de la gran ciudad y de sus habitantes sin llamar la atención. Paso a paso, sin que nadie se diera cuenta, continuaban su invasión y tomaban posesión de los hombres.» (Michael Ende, Momo, 2ª. parte, capítulo 6)

 

 

La segunda cuestión es, pues, una cuestión de tiempo:

3 horas y media son 210 minutos diarios que, en un año, hacen un total de 76.650 minutos, es decir, 12.775 horas o, lo que es lo mismo, 53 días completos con sus días y sus noches.

A los 10 años, una persona con ese horario, habrá estado 530 días viendo la televisión, es decir, 1 año y 165 días de su vida.

Si vive 80 años, habrá estado 4.250 días ante el televisor, o sea, habrá pasado prácticamente 12 años de su vida viendo la TV.

 

 

TRES: El que no quiera que no mire.

 

Veamos un par de paradojas sobre la libertad:

 

1 Este es un país libre, pero todo el mundo decide hacer lo mismo todos los días  a las mismas horas.

2 Todos afirmamos que la programación es muy mala, pero todos la miramos.

 

Da igual lo que pongan y la calidad de los contenidos: el número de telespectadores siempre es el mismo. Sólo en verano disminuye la audiencia. Se reparte entre todas las cadenas. A veces, hay más en una, a veces en otra. Son las famosas audiencias de las que hablan los programadores. No son audienciassomos una única audiencia. Una audiencia fiel y paradójicamente insatisfecha. ¿…?

 

Pero, claro, El que no quiera que no mire.

 

 

CUATRO: De tal palo, tal astilla.

 

ø Es un producto en el que muy pocos (los que la hacen) influyen en casi todos (los que la vemos).

 

ø Tiene que ser obligatoriamente fácil (es para todos), espectacular, atractiva, más emocionante que reflexiva.

 

ø Da visibilidad a lo que muestra (cualquiera que aparece en TV se hace inmediatamente notorio socialmente, independientemente de sus méritos); y hace invisible lo que no enseña (lo que no sale en TV no existe).

 

ø Da mucho a cambio de muy poco (rompe esa ecuación educativa básica por la que la recompensa se obtiene con esfuerzo). Ver TV es una actividad pasiva que no exige respuesta.

 

ø Es audiovisual por tanto excuyente y aislante. Accesible (en casa, gratuita, fácil de manejar, disponible las 24 h.) es decir, omnipresente; espectacular, fascinante, divertida, entretenida, o sea, evasiva.

 

øü Está sujeta a un horario y constituye una costumbre dominada por los programadores: es un hábito en el que caemos sin darnos cuenta.

 

Tal y como es el medio así es el mensaje.

 

 

CINCO: Mientras ves la televisión… estás trabajando.

 

Nadie regala nada. Las cadenas de TV tampoco. ¿Queremos ver televisión? Pues adelante. Pero conviene que sepamos que no es un acto inocente y mucho menos gratuito.

Veamos una persona que consume/contempla televisión cualquier día, a cualquier hora:

 

El telesegundo: Mientras ve la TV, regala a la cadena su propio tiempo que junto con el de otros millones de personas, constituye una materia prima valiosísima que es lo que la cadena vende a los anunciantes. Cuanta más gente haya mirando, más valor adquiere el tiempo y más caro lo pagan los anunciantes. Por eso, lo importante es que siempre haya gente mirando y cuanta más mejor, entregando su tiempo. La empresa televisiva no vende programas, vende tiempo, nuestro tiempo.

 

La telemercancía: Por otro lado, la escena presenta a un cliente (cada uno de nosotros) ante un escaparate (la pantalla) de una teletienda (la cadena de TV). El vendedor no es una persona, sino una empresa (a veces la propia cadena que se vende a sí misma, a veces una empresa que alquila el espacio a la cadena para vender). El producto que el telespectador consume no es un programa, sino los anuncios que lo acompañan. Los programas que el telespectador cree consumir, son sólo el envoltorio del verdadero producto de consumo: el anuncio. Los programas son parte del escaparate que sirve para que nos paremos a mirar  y…a consumir.

 

Los nombres propios: Cualquier persona, cosa o suceso que aparece por televisión es mirado por millones de personas con lo que automáticamente y sólo por ello, adquiere un valor nuevo: se convierte en un nombre propio con un valor económico determinado por miles de miradas que sobre él se centran. Una persona desconocida para todos se convierte en alguien que cobra por ser visto de nuevo. Nosotros lo creamos con nuestra mirada y acabamos pagando por verle de nuevo en una revista, en un acontecimiento social o en la propia TV en la que lo hemos inventado.

 

 

SEIS: ¿Informativos?

 

Más de la mitad de la población española sólo se informa a través de la TV.

 

¿Mucha información? Si suponemos que a un medio informativo nacional llegan cada día alrededor de 1.000 inputs informativos susceptibles de convertirse en noticia, a través del fax, el teléfono, los reporteros, los gabinetes de prensa, corresponsales propios, agencias, etc., un diario seleccionará entre sus páginas alrededor de 100, un 10%. Un informativo de televisión no suele sobrepasar el número de 20 noticias, es decir un 2%.

 

Informarse cuesta trabajo. El periodismo televisivo no está hecho para informar sino para entretener. Querer informarse sin esfuerzo es una ilusión acorde con el mito publicitario. Informarse cuesta: es preciso diversificar, seleccionar, leer para poder profundizar en el significado de un hecho.

 

Las imágenes son un problema. ¿Qué consecuencias puede tener el hecho de que el principal criterio de selección de noticias en un telediario sea el disponer de imágenes de esa noticia? Primero, siempre estarán antes los incendios, los disturbios y violencias, las catástrofes, las guerras…lo dramático; segundo, no siempre dispondremos de imágenes de lo que sucede; tercero, las imágenes muestran pero necesitan ser explicadas.

 

Pseudoacontecimiento. Muchas de las cosas que vemos que suceden en los telediarios sólo ocurren porque la presencia de una cámara las provoca o se planean cuidadosamente por los protagonistas de la noticia para atraer la presencia de una cámara.

 

Todo vale. En ocasiones no es un pseudoacontecimieto lo que vemos, sino un verdadero montaje: en Alemania condenaron a cuatro años de cárcel al reportero Michel Born que falsificó total o parcialmente 32 reportajes que luego vendió a diferentes cadenas de TV y se calcula que fueron vistos por 4.000.000 de espectadores.

 

¿Solidaridad? A veces parece que la televisión despierte en nosotros arranques de solidaridad internacional al mostrarnos imágenes del tercer mundo…Pero cuando, después del primer anuncio publicitario, deja de hacerlo, ¿no es también cierto que contribuye a dar la sensación de que el tercer mundo ha dejado de existir porque ya no lo vemos ?

 

 

SIETE: ¿Una imagen vale más que mil palabras?

 

Palabra e imagen son complementarias o deberían serlo en un mundo equilibrado. En el nuestro el predominio de la imagen es cada vez más absoluto. Entonces la imagen se convierte por su hegemonía en enemiga de la palabra, afectando peligrosamente la capacidad de aprendizaje.

 

La palabra

desarrolla habilidades mentales relacionada con la concreción,  la síntesis. El lenguaje verbal –oral o escrito- facilita el razonamiento, la fuerte articulación del pensamiento, la clasificación. Pero la palabra es densa, difícil: el lector se enfrenta a un universo abstracto y estático, a signos alejados de la realidad material, signos áridos cuya descodificación exige complejas operaciones mentales. Lo agradable del texto escrito no está en lo que se ve, sino en su significado. El lector se ejercita en la paciencia, porque se le exige un placer postergado, que se alcanza sólo a partir del esfuerzo. La lectura exige renunciar a una satisfacción inmediata por una satisfacción más lejana.

 

La imagen

es el reino de la sugerencia, de la emoción, de la intuición. Se mide por su punch, por su capacidad de impacto. Ante ella, el espectador se enfrenta a signos concretos cercanos, materiales, gratificadores, que dan recompensa sin apenas esfuerzo y potencian un sentimiento de inmediatez e impaciencia. La televisión nos presenta un universo concreto y dinámico: no se trata sólo de que sean imágenes en movimiento, sino que el espectador, ante la pantalla, se somete a una hiperestimulación sonora y visual cada vez más trepidante para mantener su interés, de modo que esa vorágine de sensaciones acaba por hacerle aburrido todo aquello que es abstracto y estático como la lectura, pero no sólo como la lectura…

 

… porque

 

“lo esencial es invisible a los ojos”

(A.de Saint-Exupèry, El principito).

 

 

OCHO: El universo electrónico.

 

Cuando se habla de televisión no se habla de un programa ni de una cadena determinados, sino de un mundo global, un universo que contemplamos a veces como si se tratara del mundo real en que vivimos y que tiene entre otras estas características:

 

Ø  La televisión debe atraernos y por ello es sobre todo espectáculo: cosas  asombrosas, poco comunes, variadas, saturadas de color, alejadas de lo cotidiano.

 

Ø  Es un mundo más elegante y más rico; más masculino que femenino; más urbano y menos rural; más conflictivo y menos dialogante; más ajetreado y menos pausado; más rápido y más simple.

 

Ø  Abundancia de artistas, deportistas, abogados, políticos, médicos, policías y escasez de obreros manuales.

 

Ø  Con un perfil de edad entre los 25 y 45 años. La niñez y la vejez casi no existen.

 

Ø  La Juventud es el valor supremo junto con el cuerpo y la salud.

 

Ø  Es reflejo de la cultura del éxito (belleza, lujo, riqueza…): el tener frente al ser. El bienestar es sinónimo de felicidad.

 

Ø  El consumo exacerbado. La publicidad, la publicidad, la publicidad, la publicidad…

 

Ø  Y el sexo, por supuesto. Sí, el sexo como soporte publicitario, como adorno, como gancho, explícito o implícito pero descontextualizado. La mujer como objeto, como marca y referencia de consumo.

 

Ø  Y, cómo no, la violencia. La violencia física, pero también verbal, medio de entretenimiento o el modo más común de resolver conflictos. La muerte natural casi no existe. Tampoco el diálogo, la entrega, el sacrificio, el esfuerzo, la renuncia, la fidelidad…

 

NUEVE: Juanito García tiene 10 años y ¿CASI no ve la televisión?

 

DE LUNES A JUEVES:

30 min. antes de ir al cole

30 min. antes de comer

30 min. durante la comida

30 min. de merienda

30 min. antes de dormir                            2,5 horas/ día    10 horas/ semana

 

VIERNES:

2 horas más por la noche                         4,5 horas/día     14,5 horas/semana

 

SÁBADO:

1,5 horas por la mañana

2,5 horas a mediodía

2 horas por la noche                                 6 horas/día         20,5 horas/semana

 

DOMINGO:

1,5 horas por la mañana

2 horas a mediodía

30 min. por la noche                                 4 horas/día         24,5 horas/semana

 

TOTAL SEMANAL: 24,5 horas

   MEDIA DIARIA: 3,5 horas

 

Juanito García no tiene TV en su cuarto.

Juanito García no está solo cuando llega del colegio.

Juanito García hace los deberes todos los días.

A Juanito García no le dejan ver la TV por la noche.

 

No todos tienen la suerte de Juanito.

 

DIEZ: ¿Qué hacemos?

 

con los niños

 

  • No dejarlos solos ante el televisor. No usarlo como nodriza electrónica.

 

  • Con los pequeños, imponer sin miedo a lo que hagan los demás. Con los mayores, negociar un horario selectivo semanal.

 

o   Buscar alternativas a la televisión, sobre todo el fin de semana.

 

o   No encender el televisor durante las comidas cuando comamos juntos.

 

o   Evitar que hagan los deberes viendo la televisión.

 

o   No ponerles televisor en su habitación.

 

o   Renunciar a ver la televisión cuando salimos de vacaciones. Comprobar que se puede vivir sin ella fácilmente.

 

o   Ver la televisión en familia. Utilizar los programas para estimular el diálogo con nuestros hijos. No hay que hacer nada raro. Sólo hablar de ello.

 

o   Si podemos elegir entre una película en TV y la misma película en vídeo, elijamos el vídeo, les ahorraremos hasta 39 minutos de consumo publicitario.

 

o   Dar buen ejemplo. La televisión tendrá en casa la presencia que los padres le demos. Nuestros hijos dependen más de lo que nosotros hacemos que de lo que les podamos decir.

 

MIENTRAS UN NIÑO MIRA LA TELEVISIÓN NO HACE OTRA COSA (…): NO HABLA, NO SE MUEVE, NO EXPLORA, NO IMAGINA, NO CREA, NO ESTUDIA, NO LEE, NO JUEGA”.

(Alejandra Vallejo-Nájera)

 

PERO PRIMERO, NOSOTROS LOS ADULTOS, DEBEMOS:

 

ESCAPAR del círculo del hábito televisivo: situarse en ese 9,3% de población que no ve la televisión todos los días. No todos los días hay algo interesante que ver. Ni siquiera las noticias. No ver la televisión simplemente porque “es lo que hago siempre, a esa hora cada día”.

 

SELECCIONAR Evitar el ver por ver. Elegir entre la programación aquello que queremos ver, verlo y cambiar después de actividad en vez de cambiar de canal y navegar sin rumbo por la marea de imágenes.

 

DIVERSIFICAR las fuentes de información teniendo en cuenta no sólo la tendencia política sino también su soporte. Oír la radio, leer la prensa. Acceder a servicios alternativos de información.

 

APRENDER a rechazar información inútil. No querer saberlo todo, para poder saber alguna cosa.

 

EXIGIR al poder político la construcción de una televisión verdaderamente de servicio público, sin la servidumbre de la búsqueda de anunciantes. Una televisión para todos, pero construida con criterios de calidad y no de audiencias.

 

OPINAR Criticar lo criticable. A nuestro alrededor primero, pero también en los medios. Llamar a las radios, escribir a los periódicos, ejercer nuestros derechos.

PARTICIPAR Colaborar con asociaciones o, al menos, utilizarlas como vehículo de denuncias, críticas o propuestas.

 

LEER Sobre todo leer. La prensa, novelas, ensayos, cuentos. Leer: mejorar nuestra capacidad verbal, comprensiva y expresiva que facilite y lubrifique nuestro pensamiento.

 

PENSAR que una imagen vale más que mil palabras sólo cuando hemos sido capaces de decir mil palabras sobre ella.

 

VIVIR en definitiva, en lugar de mirar como otros viven. Ser actores y no espectadores permanentes. Construir nuestras vidas con hechos, con nuestras propias manos, día a día, poco a poco, con esfuerzo, en contacto con los conflictos y las personas reales. Hablado con ellas y ocupándonos de ellas. Adquirir el hábito de sentir el mundo como algo a construir y cambiar y no como algo a contemplar desde la barrera.

 

 

EPÍLOGO:

 

En este breve ensayo hemos incidido sobre todo en lo negativo de la TV. Sin embargo, hemos de decir que, a pesar de las apariencias, no la consideramos un medio intrínsecamente perverso. No es más que un medio que puede enriquecer nuestra vida o empobrecerla. Pero lo que sí nos parece perversa es la relación que se ha establecido entre el medio y el usuario de tal modo que, de hecho, está puesta en cuestión la libertad personal, familiar y social de los ciudadanos.

 

Estamos convencidos del insustituible papel que tenemos los telespectadores para cambiar la televisión y que se resume en la idea de que debemos dejar de ser consumidores  de televisión para convertirnos en usuarios. Si lo conseguimos, la televisión mejorará sus contenidos porque nosotros habremos sabido exigírselo.

 

Es fundamental, que los alumnos aragoneses empiecen cuanto antes a estudiar en profundidad el lenguaje visual en general y televisivo en particular y así lo hemos hecho constar en diversas ocasiones ante las instancias políticas. Sin embargo es en la familia donde debe empezar ese cambio profundo porque somos los padres los primeros que debemos actuar sobre nosotros mismos para conseguir que nuestros hijos tengan una relación mediática más libre y enriquecedora.

 

Hemos dicho que uno de los rasgos de este medio audiovisual es su invisibilidad. En esto tienen mucha responsabilidad los poderes públicos pues a ellos corresponde el poner los medios para que se investigue el impacto real de los mass media, se introduzca el estudio de la televisión en la escuela y se proteja al usuario para que logre mantener frente a ellos su libertad personal. Agradecemos por ello el apoyo prestado por el Consejo Asesor de RTVE en Aragón y por la Consejería de Educación y Ciencia de la D.G.A. para la edición de este texto.

 

                            JOSÉ BOZA

                            Presidente de ATRA. Zaragoza, diciembre de 2000

 

 

Hasta aquí nuestro folleto.

 

¿Qué ha cambiado? Nada o casi nada. 25 años emocionando, dicen que han estado. Puede que sí. 25 años de emociones y muy poca o ninguna reflexión. 25 años de vísceras, de patio de vecinos y cotilleo, de espectáculo, de colorines, simulacros, mamachichos, niñas de Alcasser, Gran Hermano… 25 años de desenfoque que han acabado por desenfocar a una sociedad entera. Y, sobre todo, 25 años al servicio de los anunciantes, 25 años de exacerbado consumo publicitario a una media de 8 millones de anuncios anuales, 8.000 minutos diarios  dedicados a la publicidad; casi cinco mil minutos en la franja de 20.30 a 24.30 llamada el Prime Time.

 

¿Qué ha cambiado? decíamos. Nada o casi nada. Sólo que la emisión más vista de este último mes de marzo ha sido el programa cultural Gran Hermano VIP y a cierta distancia cuatro partidos de fútbol. Que en las redes sociales ahora se comenta lo que se ve en televisión (porque ahora la televisión es interactiva, ya saben, mucho mejor…): en marzo, 6,1 millones de tweets sobre programas de televisión; de ellos casi dos millones originados viendo Gran Hermano VIP y el resto La Sexta Noche, La Voz, Salvados, o ¿Quién quiere casarse con mi hijo?… todo programación cultural.

 

¿Qué ha cambiado? Sí, algo ha cambiado. Primero, que hace quince años la televisión preocupaba hasta  el punto de exigir una publicación  como la de arriba; hoy sigue produciendo los mismos efectos y tiene las mismas características que el folleto retrata magistralmente, pero su publicación sería impensable. Y lo que ha cambiado muy significativamente y sobre todo,  es que esa televisión que nadie ve y que a nadie preocupa ha aumentado su consumo de manera constante desde hace quince años llegando el mes pasado a los 250 minutos por persona y día: cuatro horas y 10 minutos diarios de media. Los Juanitos García estarán también contentos.

 

Termino remitiendo al discurso del periodista Ed Murrow en Buenas Noches y Buena Suerte al que dediqué dos post en su momento:

Pasaremos a la historia por nuestros actos. Si dentro de 50 o 100 años aun quedan historiadores y han conservado copias de lo emitido en una semana por las tres cadenas de TV encontrarán registradas en blanco y negro o en color pruebas de nuestra decadencia, nuestro escapismo y nuestro aislamiento de la realidad de este mundo en que vivimos. Somos una sociedad opulenta, acomodada y autocomplaciente. Adolecemos de una alergia innata a la información que nos perturba. Los medios son un reflejo de esta situación. Como no dejemos de considerarnos un negocio y no reconozcamos que la televisión está enfocada básicamente a distraernos, engañarnos, entretenernos y aislarnos…, la televisión y los que la hicieron, los que la ven y los que la producen podrían percatarse del error demasiado tarde.  […] Si continuamos así, la historia se tomará la revancha y las consecuencias no tardarán en alcanzarnos. De vez en cuando conviene resaltar la importancia de las ideas y la información. (…) A los que afirman que “La gente no los vería, que no interesa, que todo les da igual, que sólo quieren evadirse”… Sólo puedo responder que en la opinión de este periodista existen pruebas que rebaten ese argumento. Pero aunque tuvieran razón, ¿qué tienen que perder? Porque si tienen razón y este instrumento no sirve más que para entretener, divertir y aislar… el tubo catódico ya parpadea y pronto veremos cómo la lucha está perdida. La Televisión puede enseñar, puede arrojar luz y, sí, hasta puede inspirar. Pero sólo lo hará en la medida en que nosotros estemos dispuestos a utilizarla con estos fines. De lo contrario sólo será un amasijo de luces y cables. Buenas noches y buena suerte».»

Referencias

 

Primera emisión de A3, vídeo.

 

Datos globales de publicidad en televisión 2012

 

Informe audiencias de televisión, marzo 2015

Buenas Noches y Buena Suerte en el blog

Marco Aurelio tenía un sueño  y no era esto, Montse Doval

Televisión y disolución familiar, Javier Urcelay Alonso, PDF