Decíamos en nuestro primer post sobre este libro que en la Red, a juicio de los autores, existe en una tensión permanente entre lo que ellos llaman la Freenet –colaborativa, abierta, libre, llena de posibilidades de crecimiento…– y la Dictanet, una Internet en manos de unos pocos cada vez más poderosos que utilizan a los usuarios como recurso económico para alimentar los bolsillos de sus accionistas. En el estudio que hace el texto, no sé si consciente o inconscientemente, es mucho mayor el peso que tiene esta segunda visión. No es en absoluto producto de un prejuicio ciberpesimista, sino de un despliegue de datos sobre cómo están las cosas. Para muestra un botón:

«Podemos pensar que somos libres mientras portamos en nuestra mochila o en el bolsillo un «vigilante» que hace una copia de nuestros gustos, de las ideas que tenemos o de nuestras expectativas y las presenta como si se tratara de una ofrenda en el altar del Big Data  [que conduce] a un control total de lo que somos y seremos.   […] en la sociedad actual no sólo es imprescindible estar conectado a Internet, sino que además se trata de una obligación inexcusable [de modo que] el capitalismo contemporáneo ha conseguido dotar de prestigio a una disponibilidad que diluye las fronteras entre el tiempo privado y profesional o el del trabajo y el del consumo.   […] Los dispositivos electrónicos parecen incrementar esta ocupación sin medida de nuestra vida cotidiana en vez de liberarnos de ella, sucediéndose alternativas tecnológicas que, con el marchamo de «revolucionarias», jamás afectan a las relaciones de control y poder, a la vez que se acrecienta la apropiación sobre el tiempo y la experiencia.»

Y es que nunca como ahora se pone de manifiesto la verdad que encierra esta sentencia de Steven Lukes citada por los autores: «Existe la posibilidad de que la satisfacción de los propios deseos de los ciudadanos puedan ser producto de un sistema que va contra sus intereses

¿Qué es lo que ha ido cambiando en la construcción diaria de la Red desde aquel origen libre y colaborativo a lo que hoy conocemos? Ya hemos hablado en el post anterior de la concentración de poder empresarial en el sector de la Internet física, pero es que otro tanto ha ido ocurriendo en el sector de la comunicación y la creación de contenidos: «una estrategia de concentración empresarial a nivel mundial. […] A comienzos de los ochenta los grupos eran monomedia […] Esta situación cambió en los noventa con la fusión entre Time y Warner; Westinghouse Electric Corp compra CBS; Walt Disney se queda con Capital Cisites y ABC; Time Warner adquiere Turner Broadcasting System, propietaria de CNN; Viacom compra Paramount, Blockbuster y CBS […] en una tercera etapa Time Warner compra AOL y Vivendi compra Seagram Universal.   [Es casi como] un retorno al modo de producción social medieval.»

Y otro tanto en el sector de servicios on line: «[…] Es irónico que el [mecanismo tecnológico] campeón del incremento del poder del consumidor se haya convertido en uno de los más grandes creadores de monopolios de la historia. […] Google tiene cerca del 70% de su mercado. Y posee el 97% de la cuota de búsqueda a través de móviles. Microsoft Windows es usado por el 90% de los ordenadores, a pesar del Mac de Apple y Linux. Apple vía iTunes controla el 87% del mercado de descargas de música. El 90 % de los beneficios de los smartphones se los reparten entre Apple y Samsung. Amazon vende entre el 70 y el 80% de los libros por Internet. Facebook e eBay concentran un elevado poder también. La impresión es que los avances tecnológicos de la era de la información han sido captados por una élite

En definitiva, los autores citan varios reduccionismos que llevan a Internet a lo que denominan Dictanet o Linkdomination y que se pueden resumir en dos:  

  1. El usuario de Internet se transforma en un mero consumidor; lo mismo consume galletas que ideas, arte o televisión. «Consumimos más que disfrutamos, leemos, vemos o interactuamos».
  1. Internet termina siendo un vehículo comercial relegado a un estrecho mecanismo de comunicación hipercontrolado y disciplinado por grandes poderes económicos.

Referencias

Poder e Internet, extracto completo en “Pensar los medios”

PODER E INTERNET, un análisis crítico de la Red, Rafael Rodríguez Prieto, Fernando Martínez Cabezudo,Cátedra, Signo e imagen, Madrid, 2016