En el medioambiente simbólico contemporáneo creo que esa unidad entre la persona y el cuerpo que la muestra está completamente en crisis. Rodeados de imágenes de cuerpos, hemos dejado de ver en ellos a las personas que les dotan de dignidad y se han convertido así en puros objetos de consumo para la industria de la moda, del cine, de la fama. En un medioambiente profundamente visual la rotundidad de las imágenes nos impide trascenderlas y ver lo que en realidad representan. O quizá es que una foto de una persona ya no es una persona porque  la cámara la ha convertido en un paisaje.
Objetos consumibles

Ahora es otra modelo, Sena Cech quien relata «cómo, trabajando en Francia, su agencia la llamó para sustituir a otra modelo que –según le dijeron– había tenido una reacción alérgica en plena sesión. “Luego resultó que el fotógrafo estaba usando un flash de luz ultravioleta que me quemó seis capas de la esclerótica de los ojos. Cuando terminé, me llevaron al hospital y allí estaba la otra chica, a la que atendían de las mismas quemaduras. Ellos sabían lo que le había pasado, pero me hicieron posar igualmente. Estuve dos días con los ojos vendados y las heridas tardaron dos meses en curarse. Le pedí a la agencia que reclamase, pero me contestaron que en Francia no te querellas contra tus compañeros de profesión”»

Y Elettra Wiedemann, hija de Isabella Rossellini, que cuenta: «Empecé con 14 años. Me pedían que me operase los pechos y la nariz y que bajase de peso. Hasta que un día me planté y me dije a mí misma que no soy un número en una báscula y que ya estaba bien»

Objetos Reemplazables

Anja Rubik, se queja de que se ha perdido la privacidad del backstage en muchos desfiles. «Ya ni siquiera tenemos una habitación separada donde cambiarnos. Estamos a la vista de todo el mundo. Pero hay tantas chicas que quieren hacer este trabajo que, si protestas, estás perdida. Cogen a otra. No creo que podamos unirnos para reclamar nuestros derechos. No ocurrirá». 

Abusos

De nuevo Sara Ziff: «Tengo 29 años y he trabajado como modelo desde los 13. Y he sido afortunada. Es un trabajo que me gusta, con el que he pagado mis facturas y que me ha permitido ir a la universidad. No tengo ningún propósito de revancha hacia una industria que me ha dado tanto. Pero no puedo seguir callada sobre los abusos de los que he sido testigo».