Me cuenta Jesús -gracias, amigo- que un padre indignado publica en su perfil de Facebook unas fotografías de unas páginas del libro de Lengua Española de quinto curso de primaria de su hija de 10 años, en donde se resumen algunas de las normas básicas que tiene el lenguaje del móvil.
Este es el mensaje que publicó el progenitor, junto con la imagen:
”Del libro de castellano de quinto curso de primaria de mi hija de diez años. Resulta que ahora forma parte del currículo escolar aprender el lenguaje del móvil ¡pretendía que hasta se lo preguntara porque le entra en el examen de mañana! ¿Nos hemos vuelto locos? ¿Nos extraña que luego en PISA salga lo que sale? En vez de educar a los niños en la corrección, precisión y elegancia del lenguaje les hacemos pasar por normal la aberración del “tq” por “te quiero” y el que no se pongan acentos.
Yo uso Whatsapp, correo electrónico y mensajes de teléfono y en todos esos medios utilizo los acentos y signos ortográficos que corresponden y estoy convencido de que así ha de ser. Estoy indignado, indignadísimo”

El padre no cita la editorial. Da lo mismo. No sé si se merece indignación, pero es un muy significativo ejemplo del papanatismo tecnológico que nos invade y que alcanza especialmente a «mentes preclaras» del sistema educativo: en este caso a los que tienen la responsabilidad de dar cuerpo a los contenidos a través de los libros de texto. ¿Será esto lo que algunos entienden por introducir la tecnología en la escuela?
Referencias:




¿Qué decir? Espero que la RAE no recoja jamás esta jerga tecnológica; si un día sucediera, servidor apagaría el ordenador y se retiraría, como las ballenas, al litoral marítimo a simplemente pasear y esperar su final.
José Luis
Aparte de la humorada, quiero mostrar mi total acuerdo con el padre indignadísimo por las motivos que señala y decir que yo hago como él: procuro escribir correctamente siempre; primero, me parece más educado o amable que hacerlo «a mi comodidad»; segundo -inseguro que es uno-, me da más seguridad de ser bien entendido; y tercera y no pequeña razón, me procura mucho placer dar el máximo de mis posibles en todo lo que hago. Solo veo una excepción a la exigencia del uso correcto de la lengua (oral y escrita): la comunicación íntima y/o en clave de humor. En todo caso, y volviendo al asunto del post, me parece inadmisible y un perfecto esnobismo la enseñanza en el ámbito escolar de eso que han llamado «el lenguaje del móvil». No sé, me da la curiosidad, si somos el único país de nuestro entorno que «enseña» estas memeces. Total, como en «lengua y matemáticas» ya vamos de pistón, nos lo podemos permitir. ¡Qué país, dios!
José Luis
Papanatas -preciosa palabra-; esnob -persona que imita con afectación las maneras, opiniones, los usos y costumbres de aquellos a quienes considera distinguidos- préstamos preciso.
En este caso la imitación afectada, que sobrepasa al original. Un mentecato -el autor- que queda como un simple, un crédulo, un badulaque, un tontaina, un bobalicón, un cándido, un pazguato, un pardillo… al ser más papista que el Papa: hay que ser moderno pues para moderno YO.
No deja de ser una anécdota, pero que puede convertirse en categoría como siga faltando el sentido común
Me encanta tu «ampliación»…
¿Anécdota? ¡ojalá!
José Luis