El otro día me dieron diez minutos para hablar a los padres de 6º de primaria sobre las pantallas y sus hijos. Si alguien se ve en la misma tesitura, he aquí lo que dije. Eran diez minutos… ¿tiene o no tiene mérito? 

·       La actual avalancha de comunicación mediática audiovisual equivale a un curso permanente y acelerado en valores, ideas, hábitos, costumbres, conocimientos y sensibilidades. Es decir, la pantalla es la primera educadora del país, a través de la información, pero, sobre todo, a través del entretenimiento.

·       Su modelo educativo no es patente, no es discutido, filtrado, regulado por ninguna institución social, sancionado por nadie. Excepto por las frías reglas de la rentabilidad y de la competencia. Aunque la comunicación humana no es, no puede serlo, no debe serlo, una mercancía como otra cualquiera porque afecta profundamente a la vida y a la salud social de las personas, hoy el mercado es el único mecanismo regulador de los contenidos audiovisuales. Eso provoca que el modelo educativo que transmite está plagado de contravalores que entran en competencia desleal con el modelo educativo de las familias y de los colegios.
·        De ahí que el tiempo que nuestros hijos dedican a las pantallas tenga, entre otros, tres efectos:
1.      Es tiempo—generalmente demasiado— que no dedican a otras cosas que necesitan para su desarrollo: el juego, el estudio, la relación, la lectura, el dibujo, incluso el bendito y creativo aburrimiento.
2.     Reciben un mensajeeducativo a menudo profundamente contradictorio con el que le quiere proporcionar la familia y la escuela (el tener frente al ser, el éxito fácil y la fama frente al trabajo cotidiano, la sensualidad descontextualizada frente al amor, la violencia simplista, verbal, competitiva, individualista, frente al diálogo y la generosidad…). Y el consumo de ideas-basura es tan nocivo o más que el de la comida- basura.
3.     Son el gran competidor de la lectura y el pensamiento ­—la gran herramienta de aprendizaje— ya que con la imagen reciben mucho placer inmediato, aunque pobre intelectualmente, a cambio de muy poco esfuerzo; al contrario que con la lectura que les exige un gran esfuerzo a cambio de un placer diferido aunque mucho más rico intelectualmente. Construir una buena cabeza capaz de pensar es esencial para el buen uso de la tecnología.
Propuestas:
1.  Convencernos de que es un tema muy importante para su felicidad (y la nuestra).
2.   No podemos improvisar, sino que la familia debe tener un plan educativo al respecto.
3.   Tener criterio propio. No hacer lo que hacen todos porque todos lo hacen. No tener miedo a ser diferentes.
4.  Sólo conseguiremos un cambio en nuestra casa, cambiando primero los hábitos de los adultos. Ellos harán lo que nos vean hacer.
5.     Las pantallas influyen en la familia en la medida en que ésta les deja espacio: si se dedica tiempo, la familia avanza y fortalece sus relaciones, las pantallas retroceden; si no estamos y se crean vacíos  reales ―no estar físicamente ― o afectivos ―no ocuparse―, las pantallas tenderán a llenar ese hueco.
6.    Hasta los cuatro años, nada de pantallas.
7.     Separar las comidas de las pantallas y las pantallas de las comidas.
8.  Una sola televisión en casa mejor que dos y mucho mejor que tres o cuatro: se negocia lo que se ve y se procura ver en familia. Por supuesto, nada de televisión en su cuarto. Es una cuestión de cuánto y, sobre todo, de cómo: sacar a la TV de lo cotidiano familiar y convertirla en una alternativa más de ocio: no todos los días aunque sea poco, sino siempre poco y sólo lo bueno.
9.  Ninguna prisa para que cada uno tenga su dispositivo portátil. Ya habrá tiempo cuando sean realmente independientes. En casa mejor un solo ordenador y preferiblemente en lugar común donde el usarlo sea público y no privado. El ordenador, sobre todo, para trabajar, si no, siempre apagado. Cuando se utilice para jugar, comunicarse (Facebook, Tuenti, Messenger), para el ocio (YouTube, música, películas, series…) tiempo limitado y controlando contenidos. Exactamente lo mismo para los videojuegos: siempre un tiempo limitado.
10.El móvil: reducirlo en la medida de lo posible a lo que es: una herramienta útil, pero no imprescindible. Ninguna prisa para que todos tengan móvil; aparcamiento de móviles a la entrada de la casa; no se estudia con el móvil encendido. No se acuesta uno con el móvil para hacer las últimas perdidas, no estar siempre detrás del último modelo del mercado; consumo limitado económicamente: mejor prepago que contrato.