Un tal Jean-Philippe de Tonnac —perdonen mi ignorancia— reúne a los dos autores arriba citados para hablar de los libros. Con un título tan sugestivo para lo que aquí nos ocupa, no podíamos dejar de leerlo. Sin embargo, la desilusión es grande. Hay cierta sensación de involuntario fraude. No es ya que lo que el título promete se diluya en sus páginas como un azucarillo, sino que el entrevistador no hace bien su trabajo y los dos entrevistados se enredan en el papel con sus propias elucubraciones teñidas con una tinta de narcisismo intelectual disfrazado de erudición muy poco digerible. De modo que finalmente, mirando directamente a sus ombligos, ni analizan el papel del libro, ni su posible crisis como soporte papel frente a los e-books, ni casi nada de nada.
A pesar de todo, extraigo de sus 263 páginas algunos materiales intelectuales útiles para el blog y sus lectores. Como es mi costumbre, nos acompañarán durante unos cuantos post.
Merece la pena la cita inicial:
Los libros deberían ser tan pequeños como el espíritu que contienen
                                               George Christoph Lichtenberg, Aforismos
O tan grandes. Efectivamente el soporte, como el tamaño, no es lo que importa. Lo importante es el espíritu contenido que es lo que da verdadera dimensión a un libro.
Del Prólogo de Jean-Philippe de Tonnac:
«”El libro matará al edificio [le hace decir Víctor Hugo al arcediano de Notre-Dame].Cuando comparamos la arquitectura con el pensamiento que se hace libro, al que le basta un poco de papel, un poco de tinta y una pluma, ¿quién ha de admirar de que la inteligencia humana haya abandonado la arquitectura por la imprenta?”. La arquitectura no morirá, pero perderá su función de emblema. Nuestras “biblias de piedra” no desaparecieron, pero, al final de la Edad Media, de repente, se vieron rebajadas de categoría [por el libro].»
Interesante apunte sobre la evolución de los soportes de la comunicación humana: el codex, los rollos de papiro, los volumina, el pergamino, el papel… pero también ese lenguaje visual de la piedra para una cultura oral y analfabeta.  Valdría la pena preguntarse si con las pantallas, con la invasión de la imagen que desplaza cada vez más al texto escrito, no estamos regresando a otro analfabetismo. No el mismo, porque nunca podemos volver al mismo sitio, sino a uno nuevo: el analfabetismo funcional de las pantallas de plasma o cristal líquido que ha sustituido al lenguaje plástico de la piedra de las catedrales medievales…
En cualquier caso, la cuestión no es si el e-book matará o no al libro de papel «La cuestión, más bien, es saber los cambios que la lectura en pantalla provocará en ese objeto [llamado libro] Qué ganaremos… qué perderemos…: sacralidad…, intimidad…? Al romper el antiguo vínculo entre los discursos y su materialidad —declaraba Roger Chartier…—, la revolución digital obliga a una revisión radical de los gestos y de las nociones que relacionamos con el texto escrito.»
Los dos entrevistados no van a responder a estas cuestiones. Nosotros ya lo hemos intentado aquí a través de otros libros.
Basta por hoy. Otro día, más.