
Los estudios sociológicos que se realizan sobre pantallas, tienen la característica común de que casi nunca revelan nada que no sepamos ya. Este es el caso de un estudio cualitativo del Consejo Nacional de Televisión de Chile titulado «Consumo televisivo e imagen de los jóvenes en televisión» en el que básicamente se muestra que el control parental del consumo de televisión tanto en tiempo como en contenidos es prácticamente nulo entre los adolescentes gracias al dominio que tienen del uso de los nuevos soportes tecnológicos: con el móvil o el ordenador ven televisión solos cuando les da la gana, memorizan las claves de acceso a programación de adultos o graban programas por sistema VOD (vídeo on demand) para verlos cuando quieren.
Otro detalle del estudio es el relacionado con el juicio que tienen de la imagen de sí mismos que les transmiten las series de televisión: a pesar de reconocer que les influyen en sus comportamientos, ideales y tendencias, la mayoría es consciente de que los personajes que contemplan en pantalla —la mayor parte de factura norteamericana— no tienen nada que ver ni con ellos ni con sus vidas. Otra paradoja de las muchas que genera la televisión: se es consciente de que la realidad mostrada es diferente de la propia pero, sin embargo, no se puede evitar la identificación de la que hablábamos el otro día.
Lo dicho: nada que no supiéramos ya porque es obvio.
Coda: en Chile, sólo el 39% de los chavales entre 8 y 13 años tiene móvil. El 26% ordenador portátil propio. Entre los 14 y 17 años, el 44% tiene móvil y el 29,4% ordenador.
Bueno, yo veo algo singular en esta juventud chilena. Es normal, sabido y obvio que hay, en todas partes, una facilidad sistémica para «identificarse» con lo que se ve en la tele, es decir: a quién no les gustan -y gustaría tener- esos coches rutilantes de las series, la publicidad o la política, por ejemplo, y así con las casas y mansiones, el romanticismo o la superficialidad -para todo hay gustos- de las relaciones amorosas, etc, etc. Generar deseo es la principal virtualidad del medio.
Pero:
al tiempo, los jóvenes chilenos, saben que «no tienen que ver nada con esa «realidad» pues la suya es que si no se trabaja no se tira para adelante. Y cuentan con el ejemplo secular de su sociedad y la presión ventajosa de que vivir sin trabajar esté muy mal considerado.
Paradojas matizadas, pues.
José Luis
Ya se nota que el comentarista ha tenido contacto vivo y directo con la sociedad chilena…
Así es, Pepe. Por cierto, imperdonable no visitar hoy a nuestra fotógrafa del día, la jovencísima Ilona Szwarc y muy especialmente su trabajo «American Girls» del que me extrañaría que no saliera una de tus estupendas entradas.
José Luis.
PD. Ojalá hubiera empezado a viajar antes, cuando tenía aún plenas las facultades así físicas como mentales.
Nunca es tarde, amigo.
¿mentales…? Habrá que hacértelo mirar.
Abrazos.
¿nunca es tarde?… ¡topicazo! / aún así aprecio y te agradezco tu intención de animarme.
Las mentales ya están más miradas, ahora son las físicas las que requieren hartos cuidados.
Un abrazo, amigo Pepe.
José Luis