«Leyendo al abuelo», Albert Anker (Suiza, 1831-1910)

No voy al día con la actualidad más inmediata. Es la forma de que la actualidad no se apodere de mí y me engulla. Por otro lado, mantener en la nevera del tiempo la actualidad, es decir, desactualizarla, es imprescindible para que se contextualice, para que adquiera cuerpo o adelgace hasta desaparecer. Distanciarse de la actualidad es, la mayor parte de las veces, dotarla de sentido.

Pero no es de esto de lo que quería hablar, sino de que de esa nevera en la que tengo los papeles alejándose del presente inmediato he sacado un recorte que quiero trasladar hoy al blog. Se trata de una carta de un lector al XLSemanal del 22 de noviembre del año pasado. Es la carta de la semana firmada por Juan Antonio Jerez Ruo de Santa Cruz de Tenerife. Es la carta de un telespectador, de un trabajador, de un ciudadano. Nos habla en ella de un pequeño gesto que ha introducido en su dieta cotidiana y que ha contribuido a mejorar su -como se dice ahora- calidad de vida. Es un testimonio pequeño y muy expresivo de esa relación de debilidad entre el usuario y el medio que hace años vengo describiendo y que creo que está en la raíz de las cifras millonarias de audiencia de nuestras televisiones:

«No está mál de vez en cuando, y más aún ahora, detenerse un momento y preguntase qué tipo de vida hemos estado llevando. Siendo sincero conmigo mismo, me he reprendido por haberme pasado demasiado tiempo pegado al televisor sin recibir nada a cambio. Al volver del trabajo (cuando lo tenía; ahora estoy en paro y vivo bajo el techo y la paciencia de mis padres), entre cabreos, estrés y ganas de no hacer nada, el remedio casero para desconectar consistía en pulsar el botón de un mando a distancia. Me daba igual ver un partido de la selección española, cómo unos personajes se tiraban los trastos a la cabeza entre insultos dentro de una caa, la película de la semana o el programa más infame. Sin embargo, todo eso cambió por fortuna; en mi particular cruzada contra la desidia decidí un buen día acercarme a una librería (gracias al consejo de un buen amigo) y ver qué me podían ofrecer unos objetos que no gritan, no me toman por idiota y no me piden SMS. Hubo uno que me llamó bastante la atención por su título: «¿Qué diría Sócrates hoy?». Lo compré y poco a poco me he ido introduciendo en ese apasionante mundo que es la filosofía al tiempo de ir desintoxicándome de la caja tonta. Ahora veo las cosas desde otro punto de vista, sonrío más y duermo mejor. ¿Qué diría ese tal Sócrates hoy? Seguramente: «Busco trabajo»«

Ya ven: para cambiar nuestro punto de vista, y empezar -¿por qué no?- a cambiar el mundo, a veces sólo hace falta mirar hacia otro lado.

Vean televisión, no la consuman o serán consumidos por ella.