En Los Bárbaros, Alessandro Baricco dedicaba un capítulo a la música clásica en el que lo más notable era la afirmación de que ese ámbito cultural la música clásica resiste la invasión: «opone a tal metamorfosis una resistencia que otros gestos no ostentan». Es decir, subraya que la música clásica ha sido un mundo inexpugnable para los Bárbaros. «Mas que destruir ―nos dice ―, en consecuencia, simplemente se han ido de ahí. De aquí no vamos a sacar nada, deben haber pensado». Es en la esfera de la música clásica donde sitúa Baricco «la existencia de un espacio intermedio entre el animal hombre y la divinidad, entre la elegancia material del hombre y el infinito trascendente del sentimiento religioso». «Cuando utilizamos expresiones genéricas como alma o espiritualidad, estamos aludiendo a ese espacio» dice más adelante. Y, finalmente, añade: «precisamente porque se encuentra unida de un modo tan fuerte a una idea de espiritualidad burguesa, esa música tiene muy poco que ofrecer a los bárbaros. Si uno intenta vivir sin alma, ¿qué puede hacerse con Shubert?»

Es interesante plantearse por qué la aldea de la música clásica ha sido y es absolutamente inasequible al barbarismo. Tanto que el bárbaro la ignora como imposible. Incluso más inaccesible que la idea de Dios que ha sido invadadida y transformada en vagos sentimientos New Age.

Habría que pensar qué tiene la música clásica, porque quizá ahí esté el antídoto para ese virus del postmodernismo bárbaro. Quizá este par de vídeos nos den algunas respuestas.