Hoy ha muerto Miguel Delibes.

Él, que nunca quiso formar parte del medioambiente simbólico, fue en cambio símbolo permanente de una manera de escribir y de ser hombre. Huyendo del ambiente literario, de la videopolítica, de la fama y la imagen, de la verticalidad luminosa de las pantallas, se mantuvo siempre en la realidad horizontal y humana de la tierra que supo pisar y mirar como nadie. Él nunca será por eso un mito, será simplemente un ejemplo y una referencia realísimos. En su muerte, nos deja la herencia de una verdadera vida ordinaria y un auténtico y verdadero tesoro de palabras.

Ha muerto D. Miguel y la palabra, resucitada y renovada en sus libros, se ha quedado un poco huérfana. Porque los escritores, los buenos escritores, no son sólo contadores de historias, sino que ayudan a construir ese universo humano de símbolos, esa herramienta a través de la cual vemos el mundo, y la perfeccionan para que los demás podamos luego usarla con un rigor más amplio y descubrir y entender mejor a su través la vida. Desde el nacimiento del castellano, esa pléyade espléndida de artistas del lenguaje a la que él pertenece ha ido levantando y afianzando el riquísimo edificio de la lengua española. Esa herencia nos dejó y le damos desde aquí las gracias.

Preguntado por su epitafio, dicen que dijo: «Espero que Jesucristo cumpla con su palabra». Con esa misma honda esperanza le deseamos desde aquí el descanso y la Gloria. Descanse en paz.