El tema iba a ser otro, pero Rafa gracias de nuevo, amigo en su comentario de ayer me hace ver que entre Enrique Dans y yo se ha producido una feliz coincidencia temática que hay que aprovechar. Así que no sólo os facilito el enlace a su entrada de ayer, Estados que espían a sus ciudadanos, sino que me parece vale la pena comentarla.

Comienza Dansrecordando, como hacía yo ayer, la existencia de regímenes  que utilizan la tecnología para espiar a sus ciudadanos.

He repetido muchas veces que, lejos del papanatismo de algunos que ven una democracia nueva y sobrevenida en este maravilloso invento de Internet, yo creo que los gobiernos y sus servicios de inteligencia están encantados con la Red. Antes el espionaje tradicional se limitaba a los teléfonos fijos y a la correspondencia de papel. Después vino el satélite espía. Luego aparecieron los móviles, mucho más fáciles de rastrear sin necesidad de pinchar las comunicaciones y ahora la Red en la que todo el mundo se zambulle y se vierte a sí mismo desde su ordenador personal en absoluta inconsciencia. Ya no hay dos bloques, sino una sola pecera en la que todos quieren pescar.

Lo asombroso es la inocencia interesada de algunos defensores de la red que obvian el hecho de que en esta sociedad sin claves éticas claras, lo que la tecnología es capaz de hacer, independientemente de su bondad moral, se hará. Da lo mismo que se trate de la investigación militar, biológica o de las comunicaciones. Es terrible, pero es así.

Por eso, del anuncio del gobierno inglés de que va a espiar legalmente a sus ciudadanos a través de la red sin ningún tipo de supervisión judicial, no me sorprende que haya decidido hacerlo, sino que haya decidido hacerlo público. Porque yo, al revés que Dans o algunos optimistas digitales, creo que es algo que ya es práctica habitual aunque oculta de los gobiernos que tienen capacidad tecnológica para llevar a cabo este tipo de espionaje a través de los servicios que no en vano se denominan  secretos.

Estoy absolutamente de acuerdo con Dans en que la deriva es peligrosísima y que igual que otras medidas será lamentablemente aceptada a cambio del mezquino chantaje de la seguridad. Y eso es tremendo porque es un camino sin retorno. Como dice Dans «La idea de “yo no hago nada malo ni pienso hacerlo y, por lo tanto, a mi no me afecta” es una absoluta barbaridad. Por enésima vez es preciso citar a Benjamin Franklin: “Aquellos que están dispuestos a entregar sus libertades fundamentales a cambio de un poco de seguridad temporal, no merecen ni la libertad que pierden ni la seguridad que ganan”».

Es interesante lo que dice Dans al final de que esto conducirá a una competencia tecnológica por desarrollar herramientas de cifrado y protección para los usuarios y que la Red se convertirá en una telaraña de enmascarados en la que ya nadie se sentirá seguro. Yo no sé si será mejor seguramente no. Pero sí que será mucho más realista y ajustado a la realidad de lo que hoy, ahora, ya es la Red.