Nacho Palou (c) Ninés Mínguez

Del mismo artículo de ayer, en el bando de los integrados,  Nick Bilton, en su libro Vivo en el futuro y esto es lo que veo, nos da el consabido mensaje de que no hay que hacer demasiado caso a los agoreros ya que la tecnología siempre ha despertado suspicacias y que con las nuevas tecnologías nuestras mentes no obtendrán sino beneficios y nuevas capacidades. Es un mensaje que hemos oído muchas veces y que enriquece más bien poco el posible debate.

Deric Bownds, profesor de Biología Molecular y Zoología, no se define. Desde la ciencia «Parece muy improbable que el cerebro de un adulto cambie permanentemente por el uso de Internet. Como el incremento del área del córtex asociada a los dedos cuando se estudia piano” si se deja de practicar el cerebro vuelve a donde solía. En cambio, en los niños, la cosa cambia: las habilidades adquiridas antes de los diez años sí pueden comportar cambios neuronales definitivos. La cuestión es: ¿serán sociópatas hiperactivos  o adaptados nativos digitales? Por ahora, yo, en las aulas, veo más lo primero que lo segundo. En cuanto a los cambios neuronales remito de nuevo a Nicholas Carr en Superficiales.

Ya reseñamos aquí las opiniónes de  Linda Stone, —la de la apnea del email— y David Meyer respecto del mito de la multitarea a la que este último calificaba como  «una plaga cognitiva que tiene el potencial de borrar la concentración y el pensamiento productivo de una generación». También hablamos de Clay Johnson, que promueve una vida informativa más centrada abandonando la información basura.

Aunque «cada día resulta más difícil establecer un cordón sanitario porque la tecnología ha invadido demasiados ámbitos —dice el articulista— los cazatendencias creen que desertar de Twitter será tendencia», refiriéndose luego a los llamados ya «Twitter quitters» (desertores de Twitter). Así, Nacho Palou, del blog Microsiervos, un hiperconectado que ha decidido desconectar los fines de semana: «No fue una decisión meditada, simplemente empecé a hacerlo así  por mantener cierto orden, desarrollar actividades o hobbies offline, por necesidad de desconectar y, sobre todo, por cuestiones personales y de vida familiar». Supongo que quiere decir que fue una decisión forzada por un cúmulo de circunstancias que se podían resumir en “¡Estoy harto de estar conectado y no hacer otra cosa!” o algo parecido.

O el conocido caso de Andrés Calamaro que se despidió de Twitter con este último y definitivo twitt: los “140 caracteres pueden metérselos profundo en el medio del ojete”.

Turkle pedía ayer por lo menos prudencia para abordar el uso de las tecnologías y no lanzarse a una entrega acrítica y ciberoptimista. Un artículo del científico y lingüista Steven Pinker, «acerado defensor de las posibilidades de la web para generar conocimiento, plantea que la solución no es tanto lamentarse de la tecnología como dominar sus aspectos negativos mediante la educación y el autocontrol» Sin embargo, es curioso que así y todo, Pinker en su artículo concluya: «Si lo que usted busca es profundidad intelectual, no recurra a un Powerpoint o a Google».

¿A qué se referirá…?