Ayer veíamos un estudio que ponía de manifiesto –una vez más, un estudio tras otro– que el panorama de integración social de las nuevas tecnologías tan alegremente festejadas por sus innegables beneficios, conllevan también ciertos y graves problemas en la socialización de nuestros adolescentes que a pesar de la confirmación permanente, nadie parece querer ver.

Una vez más –insisto: otra vez más– expresaba la realidad de un aprovechamiento mínimo de las posibilidades de la red, un alto nivel de tiempo invertido, una conexión 24/7 continuada, una falta absoluta de posibilidades de control parental, una creación de vidas paralelas sin contacto entre ellas entre el adolescente y su familia y entre la vida virtual y la vida real, líneas paralelas cada vez más alejadas entre sí.

Hoy traemos más datos complementarios que no hacen sino confirmar la realidad expresada ayer. Con la referencia de Europa Pres los medios (El Mundo, El País, RNE…) se han hecho eco de un estudio financiado por la Unión Europea en colaboración con la asociación Prótegeles. El estudio se basa en 13.300 cuestionarios a adolescentes europeos de siete países (España, Rumanía, Polonia, Holanda, Grecia, Alemania e Islandia).

Los datos son espectaculares:

  • El 21% de los adolescentes españoles está en riesgo de desarrollar una adicción a Internet frente al 12,7% de la media europea.

  • El 27,8% de los adolescentes españoles afirma utilizar Internet hasta el punto de descuidar otras actividades

  • Mientras el 23% de los adolescentes europeos pasan más de dos horas al día conectados a las redes sociales, en el caso de España este porcentaje asciende al 40% y conforma el principal grupo de uso diario de estas herramientas en Europa.

  • También los jóvenes españoles son el principal grupo de uso diario de salas de chat en Europa, el 67,4% lo hace,

  • Con un 1’5% de adictos diagnosticados, son los más adictos de Europa.

Es decir, ese grupo ha desarrollado un comportamiento de pérdida de control sobre el uso de Internet que ha conducido a al adolescente a un «aislamiento, a un descuido de las relaciones sociales, de las actividades académicas, de las actividades recreativas, de la salud y de la higiene personal».

Mientras tanto, aquí no pasa nada. Informe tras informe, se confirma la toxicidad de las malas praxis tecnológicas para los individuos, las familias y la sociedad. Quizá por eso, lo del hip-hop educativo del otro día daba un poco de risa. Son alegres nativos digitales llenos de supuestas capacidades y estamos todos encantados de habernos conocido. Ayer navegantes solitarios, hoy navegantes perdidos: los más adictos.