El «Cortafuegos chino» con el que el gobierno de aquel país filtra las webs y los contenidos occidentales a los que su población puede acceder a través de la red es el nuevo telón de acero de esta nueva guerra fría contemporánea. Una guerra que ya no es  guerra, sino ciberguerra. Una guerra que ya no es física ni fría, sino digital.

 

China está aprovechando mejor que nadie las «ventajas de la red»:  con la tecnología importada de occidente impide que sus ciudadanos se comuniquen o busquen información libremente mientras les dan la sensación de estar haciéndolo proporcionándoles redes y buscadores propios perfectamente controlados por el gobierno y, a la vez, están encantados de que occidente, EEUU y el resto del mundo democrático navegue sin cesar y se localice y retrate cada vez más y mejor en la Nube para, aprovechando el enorme desarrollo tecnológico occidental,  colarse en sus empresas y gobiernos  poniendo de manifiesto la enorme fragilidad de la red.

 
Seguro que no se lo pueden creer. Con lo complicadas y caras que eran antes las actividades de espionaje, zapatófonos incluidos, ahora es sólo cuestión de clics.