El hombre siempre ha vivido en un universo simbólico, siempre ha soñado, imaginado, transformado la sociedad con sus historias. Forma parte de su naturaleza.
Los cuentos infantiles, las canciones los cantares de gesta, las leyendas, la novela, el cine, la narración, la ficción… son expresión de su necesidad de explicarse el mundo y lo que le rodea. La ficción ha sido siempre la proyección simbólica de sus sueños, de sus interpretaciones, de su planteamiento de preguntas y su necesidad de respuestas.

Fabular, inventar, soñar.

Pero cuando la fabulación ha entrado dentro del circuito del consumo convirtiéndose en un simple producto más, algo se ha roto dentro del corazón de los cuentos.

No es que no se puedan vender y comprar las historias. Lo que no se puede, lo que no se debe, es consumirlas. Porque el embrujo del consumo mata la magia y lo que era creación se acaban convirtiendo en un puro  producto-fabricado-a-partir-del-estudio-de-las-tendencias-sociales-del-potencial-destinatario-dentro-de-planes -comerciales -de -las -grandes-corporaciones-multimedia que invierten millones para obtener millones.

El hombre siempre ha soñado y seguirá haciéndolo siempre. El problema hoy es que quizá han invadido su universo y le han robado sus sueños y su imaginación.