Uno de los grandes tópicos de la Red es que el espacio digital es infinito o lo que es lo mismo, que no existe. Miramos nuestra pantalla y lo que en ella sucede como algo irreal que no tiene más dimensión física que el plano y la luz que el cristal nos devuelve y que desaparece cuando apagamos nuestro ordenador.
Palabras como «virtual» o «Red» hacen referencia a algo mágico: una nada en la que está todosin saber muy bien cómo o dónde está. La tecnología informática ha ido empequeñeciendo el tamaño de los chips hasta reducirlos en nuestra percepción al vacío absoluto.
Pero de vez en cuando, nuestro ordenador se vuelve más lento y cuando miramos sus tripas virtuales, nos indica que el disco (¿?) está lleno. Compramos entonces una memoria externa medida en una magnitud incomprensible que no pesa ni ocupa, y trasladamos allí nuestros tesoros digitales. Ese gesto físico nos recuerda que el vacío no existe y que, aunque no sepamos cómo y casi no sepamos dónde, nuestros datos, textos, fotos…  ocupanun espacio físico.
Entonces nos cuentan que no seamos tontos que subamosnuestras cosas a la Nube, ese arriba invisible, el nuevo cielo laico en el que está todo y al que, si nos descuidamos, acabaremos yendo todos cuando nuestro cuerpo físico se vuelva también inexistente, es decir, virtual.
Pero hete aquí que tampoco la Nube está en el cielo, sino muy en la Tierra y no es virtual, sino muy física y sí ocupa lugar, pesa y necesita de enormes cantidades de recursos para enfriar el calor que genera la energía que la contiene… Y, como es lógico, es de alguien que hace negocio con ella y cuesta una pasta. 
La etérea nube no es sino «unos sofisticados e inmenso edificios que conectan entre sí miles de servidores mantenidos a 20 grados centígrados bajo unas estrictas normas de seguridad […] cada bastidor en el que se alojan los servidores (sólo uno equivale a más de 500 ordenadores domésticos) roza los 90.000 euros». Y tienen nombre y apellidos:
Advanced Data Centers, Sacramento EEUU, 22.000 m²
Digital Realty, Silicon Valley EEUU, 185.000 m²
Lakeside Technology Center (LTC), Chicago, EEUU, 100.000 m²
Apple, Maiden, EEUU, 46.000 m²,
Google, Hong Kong, China, 28.000 m²
Microsoft, Dublin, Irlanda, 28.000 m²
Facebook, Lulea, Suecia, 28.000 m²
Aruba, Arezzo, Italia, 10.000 m²
Deltalis/Radix, Cantón de Uri, Suiza, 8.000 m²
Academica, Helsinki, Finlandia, 500 m²
1&1, Baden-Baden, Alemania, 2.000 m²
Teraco, Johannesburgo, Sudáfrica, 4.000 m²
Digital Realty, Sidney, Australia, 5.600 m²
En fin, era bonito, pero una vez más la magia no existe. Hay otros mundos, pero están en este y la Nube, aunque nadie piense en ello, está en la Tierra.
A ver si los usuarios también bajamos de vez en cuando de las nubes del consumo y de la conexión. A ver si ponemos un poco más cada vez los pies en la tierra sin dejarnos llevar por el marketing tecnológico que pone mucho interés en vendernos que no nos tenemos que preocupar de nada, que ya se preocupan ellos por nosotros. Sólo tenemos que comprar, hacer clic y a disfrutar… 
Los bastidores en los que se sostiene la tecnología afean su presentación y cuanto más sepamos  sobre ellos más nos puede inquietar, por ejemplo, su extrema fragilidad…

 

(Fuente: XLSemanal, número 1300, Conocer, Zoom, «La Nube de Internet no está en el cielo)