El libro de Abigail Shrier, Un Daño Irreversible, es sorprendente. Columnista del Wall Street Journal, la periodista se encuentra ante un fenómeno social nuevo y de trágicas consecuencias –«aquí el coste no es un piercing o un tatuaje. Está más cerca del medio kilo de carne»–: el aumento extraordinario de casos de chicas adolescentes que, sin tener antecedentes previos, se autodiagnostican como transgénero en entornos escolares en los que este autodiagnóstico afecta no a individuos aislados, sino a grupos de amigas que parecen contagiarse epidémicamente ante la reacción no ya de pasividad, sino de franco apoyo por parte de su entorno escolar, médico, institucional y social; ante la indiferencia de la opinión pública; ante la indefensión y el estupor de los padres y ante el apoyo fanático y sin fisuras del activismo LGTBQ. Sorprendente porque se encuentra ante este fenómeno y, frente al silencio impuesto por el activismo, lo publica primero en forma de artículo. Y es la catarata de reacciones –positivas y esperanzadas por parte delos padres, furibunda y agresiva por parte del activismo de género– la que finalmente la anima a investigarlo a fondo entrevistando a todos los sectores implicados (adolescentes trans, padres, terapeutas, profesores, orientadores, médicos, psiquiatras, adultos transgénero…) dando como resultado un extraordinario informe que, a mi parecer, debería ser de lectura obligada para todo aquel que tenga una responsabilidad educativa familiar, escolar o institucional.

¿Pero qué hace la reseña de este libro en un entorno de investigación y análisis tecnológico como el de nuestra web? No hemos dudado: uno de los actores clave e indiscutible de este fenómeno es internet y el libro lo pone negro sobre blanco sin paliativos. En primer lugar, en vez de contemplar bobaliconamente a los millenials supuestamente felices —«¿Dónde está toda la escandalosa diversión que les corresponde por derecho?»—, inclinados sobre sus dispositivos, conectados 24/7,  manejando sus móviles como aparentes expertos nativos digitales —«los chavales […] pueden ser sofisticados cuando se trata de utilizar la tecnología, pero son sorprendentemente ingenuos en lo que toca a la veracidad o la integridad del contenido.»—,… nos habla de una generación para la que precisamente la existencia de ese dispositivo ha supuesto una pérdida y una regresión, todavía no cuantificadas, pero cada vez más evidentes, en los campos afectivo y relacional. Es uno de sus muchos méritos y por eso está aquí como miembro de pleno derecho. En segundo lugar,  aunque el fenómeno de expansión se esté dando también entre los chicos, la magnitud de las cifras transgénero desde el sexo femenino son apabullantes y es esa vulnerabilidad femenina –en la que también la red tiene una responsabilidad clarísima–  la que el libro retrata magistralmente. De ambas damos cuenta aquí con esta selección de textos: (los destacados en negrita son nuestros)

El contexto sociodigital
Pero pongámonos en contexto. Estamos hablando de adolescentes tendentes a «magnificar y difundir su dolor psíquico» y cuyos autodiagnósticos a sus angustias reales, «son el resultado de estímulos y sugerencias externas» casi siempre provenientes de la red.

«Las adolescentes de hoy en día sufren mucho. [Se encuentran] en medio de una crisis de salud mental, que está evidenciando niveles récord de ansiedad y depresión. Entre 2009 y 2017 el número de estudiantes de secundaria que contemplaron el suicidio aumentó un 25%. […] El de diagnosticados con depresión clínica creció un 37%. Y las más afectadas, experimentando la depresión a un ritmo tres veces mayor que los chicos, fueron las adolescentes. […] la tasa media de lesiones autoinflingidas reflejan el mismo incremento: 62% desde 2009, todo entre chicas adolescentes. […] Entre las niñas preadolescentes de diez a catorce años, desde 2010 la tasa media de lesiones autoinflingidas ha aumentado un 189%.»

«¿Qué ha pasado? […] “Las redes sociales” fue la respuesta inmediata del psicólogo Jonathan Haidt. “No es exagerado describir a la generación iGen como si estuviera al borde de la peor crisis de salud mental en décadas. Gran parte de este deterioro puede atribuirse a sus teléfonos» [afirma Jean Twenge, en The Atlantic].

Una fecha clave
«El iPhone fue lanzado en 2007. [Una década más tarde, el 95% de los adolescentes tenía uno y casi la mitad estaba on line constantemente.] Tumblr, Instagram, TikTok, YouTube [y ahora Twitch] presentan una amplia gama de tutoriales visuales […] para autolesionarse: anorexia, cortes, suicidio. Publicar la experiencia propia con cualquiera de estas dolencias ofrece la oportunidad de ganar cientos o incluso miles de seguidores.»

Vulnerabilidad
El Smartphone, la red, una nueva forma de comunicarse, una nueva forma de estar en el mundo, una nueva forma de sentir, crecer y madurar, una nueva vulnerabilidad adolescente.

«No se trata solamente de que la imagen [de las adolescentes nacidas antes de 1990] requiera una actualización de los dispositivos: [móviles, Spotyfy, textear en vez de hablar…]. Es que la adolescencia de hoy en día contiene menos comodidades, tormentos y consuelos presenciales que los que una vez llenaron la vida cotidiana de los jóvenes. Que te pidieran para salir, te rechazaran, besaran o magrearan; y llorar y celebrarlo y reírse de ello con tu mejor amiga, su voz y expresiones, no solo sus palabras, que prometían que no estabas sola. […] Por muy imperfecto que fuera su apoyo, ahí estaba […] Cada pizca de dolor o consuelo aportado por alguien que me miraba directamente a los ojos; alguien a quien podía acudir y abrazar si quería.»

«Es difícil imaginar el aislamiento de las adolescentes de hoy en día. […] El nivel de embarazo adolescente ha caído en picado –igual que los índices de sexo adolescente– […] resultado de la falta de oportunidades […]: pasan mucho menos tiempo en persona con sus amigos. Y por Dios que están solas. Reportan mayor soledad que cualquier generación de la que hay registro

«[Adolescencia] es sinónimo de preocupación por que el propio cuerpo no esté a la altura. [Antes] el ideal de belleza podía adoptar la forma de unas pocas chicas de la clase; las que no podían evitar ser guapas, que se apoyaban en sus taquillas, se atusaban el pelo y –lo más inexplicable para mí– sabían cuando sonreír y mantener la boca cerrada. [Pero solo eran unas pocas] Y ni siquiera ellas eran perfectas, no de verdad. Eran seres humanos, como lo confirmaron muchas de nuestras interacciones personales: complicadas, vulnerables, inclinadas a dar pasos en falso como el resto de nosotras. […] La pubertad les llegó de golpe y sin avisar y mancharon sus vaqueros de sangre y su ropa de gimnasia de sudor. [Sin embargo], las personas en las redes sociales […] no admiten imperfección. Minuciosamente editadas, mejoradas y retocadas con Facetune, sus fotografías establecen un estándar de belleza que ninguna chica de verdad puede alcanzar.» [Y la medida del fracaso, en la red es pública y profundamente personal, predeterminada simplemente por una disminución de los me gusta.]

«Las redes sociales hacen que la gente se sienta ansiosa y triste. Las adolescentes son las más afectadas […] “Físicamente los adolescentes están más seguros que nunca, pero son mentalmente más vulnerables” (Twenge) […] Sufren, sufren mucho. Están ansiosas y deprimidas. Son complicadas, desmañadas y tienen miedo. […] Sienten que hay un abismo peligroso entre las chicas inestables que son y las mujeres glamurosas que los medios sociales les dicen que deben ser

«Internet no les concede ni un día de tregua, ni siquiera una hora. Quieren sentir los altibajos del romance adolescente, pero la mayor parte de su vida transcurre en el iPhone. Prueban a cortarse. Coquetean con la anorexia. Los padres las llevan de inmediato al psiquiatra, que les receta fármacos para mejorar su estado de ánimo y que les provoca cierto embotamiento [que no ayuda a que acaben sintiendo algo realmente real]. ¿Dónde está toda la escandalosa diversión que les corresponde por derecho? Han escuchado las historias de sus padres; han visto películas; […podrían ir al centro comercial si siguieran yendo cosa que ya no hacen]. Las inmediaciones locales no pueden compararse con los laberínticos pasillos, ingeniosamente personalizados de la red

«Los jóvenes sienten mucha ansiedad ante las interacciones en persona». […] «Hasta el coqueteo les resulta tremendamente difícil a estos críos. Si existe alguna forma segura de conectar con alguien que no requiera contacto cara a cara siempre optarán por ella

«Durante nueve horas al día, solos, los adolescentes de hoy en día caen en la mazmorra personalizada de internet. Navegan por páginas glamurosas que ofrecen tomas retocadas de la vida de amigos, celebridades e influencers de la web. Construyen un túnel para entrar en YouTube, TikTok, Instagram, Reddit y Tumblr, absorbiendo consejos de vida de los moradores que los esperan

«[…] La saturación de las redes sociales, la ansiedad y la depresión confluyeron como si de leña seca y chispas se tratara

Influencers
«En las profundidades de las cavernas de internet, un escuadrón de curanderos espera para darles consejos.»

«Si se están cuestionando su sexualidad, en lugar de darse un tiempo y comprobar qué pasa […] acuden a internet. Con gusto, incontables extraños proporcionan orientación sobre la identidad sexual, […] facilitan el conocimiento de todo tipo de fetichismo sexual. Saben lo que es un furry y han visto porno bondage. Vídeos lésbicos en Pornhub. La edad media en que ven pornografía por primera vez es de once años». «[…]No esperan a hablar con un terapeuta para saber qué les pasa. Simplemente se colocan frente a una pantalla, buscan «¿Soy trans?» en Google y se diagnostican a sí mismos a partir de una lista de síntomas.»

«[…] Hay más de una docena de sitios de redes sociales y foros online que facilitan el descubrimiento de una identidad trans. […] Son todos ellos muy conocidos en los que compartir y documentar una transformación física, echar chispas sobre la transfobia, celebrar los superpoderes que otorga la testosterona, ofrecer consejos para conseguirla, lamentarse de lo difícil que es ser trans hoy día».

«[…] Sitios de redes sociales de influencers trans. […] Vídeos o secciones de comentarios en los que personas nacidas mujeres, que se llaman a sí mismas «chicos transgénero» u «hombres trans» se jactan de cómo han mejorado sus vidas desde que empezaron un tratamiento con testosterona. El subidón que les da, la ilusión que les hace ver el «sendero feliz” del abdomen, la desaparición de toda ansiedad social. […] Enseñan a otros adolescentes a sonsacar una receta de testosterona a un médico escéptico. Les aconsejan que estudien los criterios diagnósticos del DSM para la disforia de género y preparen una trillada historia sobre cómo «siempre supieron» que eran trans, […] ridiculizan a las personas «cis» y describen la disforia de género como un estado valeroso.»

«[…Influencers] obsesionados sin cesar con el cambio de sus cuerpos. […] son los innegables amplificadores de fármacos y cirugía del mundo trans. Muchos de ellos venden desinformación, descaradas falsedades médicas y malos consejos. Exaltan la gloria de la testosterona como si fuera un batido de proteínas, no una sustancia controlada de la lista III. Se entusiasman con las dobles mastectomías como si no tuvieran más importancia que un corte de pelo. Se refieren a los padres escépticos como «tóxicos» y animan a su público a encontrar una «familia glitter» trans. Instruyen sobre cómo mentir a los médicos inventando un historial de disforia infantil u omitiendo los propios antecedentes de salud mental. Sugieren que el suicidio ocupa un lugar preponderante, pero que con la transición se puede desterrar con rapidez.» […] «Quieren que creas que sus vidas están llenas, que tienen mucho más que hacer que ser trans, pero rara vez parece ser el caso.»

El fenómeno
«El fenómeno […] no tiene su origen en la disforia de género tradicional sino en los vídeos de internet. […]el mimetismo inspirado en los gurús de la web. […] Para estas chicas, la identificación trans ofrece liberarse de la persecución implacable de la ansiedad; de la más profunda necesidad de aceptación, la emoción de la transgresión, la seductora cadencia de pertenencia.»

«Sobresalían dos patrones: [el 65% lo habían descubierto durante la adolescencia sin antecedentes previos y] lo habían hecho después de un prolongado período de inmersión en las redes sociales e influenciadas por el desencadenante en un grupo de amigas.»

«Los compañeros, los profesores y los héroes de internet alientan a estas jóvenes. Pero aquí el coste no es un piercing o un tatuaje. Está más cerca del medio kilo de carne

«Algunos de estos adolescentes «se despertarán a los veintitrés o veinticuatro años y dirán: “Aquí estoy. Tengo Barba, estoy mutilada y soy estéril, y para nada soy lo que debería ser. ¿Cómo ha sucedido esto

Testimonios
«[Lucy] había descubierto esta identidad con la ayuda de internet, que ofrece un sinfín de mentores y mentoras transgénero que enseñan a las adolescentes el arte de adoptar una nueva identidad de género»

[Chase] «YouTube facilitó su propia epifanía trans. […] A los quince años, tras verse una maratón de este tipo de vídeos, Chase decidió que era transgénero

[Julie] «Cuando pasaba demasiado tiempo en instituto o en el ordenador, se volvía taciturna, retraída, malhumorada. No teníamos ni idea de que estaba adoctrinándose con vídeos de YouTube» Las [dos madres lesbianas] no conocían a los influencers trans de YouTube que Julie había empezado a ver de manera intensa. Pero sentían que su hija se les estaba escapando. [Tras su decisión trans] cortó de golpe todo contacto con ellas. Tiene cientos de seguidores en Instagram; sus madres tienen bloqueado el acceso a la cuenta

[Gayatry] «En primero de secundaria, sus padres le compraron un ordenador portátil y, después de mucho rogar, un samartphone. Comenzó a pasar mucho tiempo en Tumblr y DeviantArt. […] Cada momento libre de los que tenía parecía pasarlo online.[…] Se deshizo de toda la ropa de chica y abrió una cuenta en Instagram en la que anunciaba su nuevo nombre […] Los me gusta y los emoticones que aparecían en su perfil hablaban por sí solos: esta nueva identidad era una mejora. Como chico trans, Gayatry tenía muchos amigos. »

[Benji], [una trans que más tarde desistió] «se enganchó a YouTube y Tumblr. A los trece años descubrió vídeos de mujeres que mostraban entusiasmadas su transformación en hombres. […] Benji me dijo que los chavales de su generación pueden ser sofisticados cuando se trata de utilizar la tecnología, pero son sorprendentemente ingenuos en lo que toca a la veracidad o la integridad del contenido.» […] «Creó su primera cuenta en Tumblr y se anunció como transgénero. Para su sorpresa, recibió un abrumador bombardeo de amor por parte de extraños. […] No solo podía ser más libre online de lo que nunca había logrado sentirse con la gente en la vida real, sino que sus ‘amigos’ online conocían su secreto. La apoyaban de manera incondicional y la colmaban de elogios. “Si hubiera perdido el móvil o mis padres me lo hubieran quitado, me habría dado un ataque porque dependía por completo de mis ‘amigos’ online».

La censura y cancelación
«Twitter y Medium prestan con gusto su ayuda [para convertir en un paria al disidente]: Benji ha sido expulsada de ambas plataformas por presunta «conducta de incitación al odio»

Decisiones radicales
[Chiara] «desistió antes de empezar con la testosterona. [Su madre la envió a vivir durante un año en una granja de caballos, donde no había internet

A partir de la página 280, la autora ofrece finalmente algunos consejos para padres. Reproducimos aquí, para terminar, el primero de ellos. Así de radical. Así de claro.

1. «No le compres un Smartphone a tu hijo. «[…] casi todos los nuevos problemas que enfrentan los adolescentes se remontan al año 2007 y al lanzamiento del iPhone por parte de Steve Jobs. […] la explosión estadística de acoso, cortes anorexia, depresión y el aumento de la repentina identificación transgénero se deben a la enseñanza de cómo autolesionarse, a la implacable manipulación, abuso, y acoso que proporciona un simple smartphone.»

Hemos sacado y reorganizado todo lo que nos ha parecido que tenía que ver con la existencia de Internet en relación al fenómeno que el libro describe de manera pormenorizada. Hay en él mucho más y reiteramos la necesidad de leerlo y difundirlo porque puede ayudar mucho a comprender la adolescencia actual y su contexto.

Referencias

Abigail Shrier, Un Daño Irreversible, la locura transgénero que seduce a nuestras hijas, Deusto, Barcelona, 2020, en Amazon.

Reseña completa del libro