Si decíamos ayer que la escuela debe oponer resistencia a la liquidez del mundo tecnológico, hoy traemos una interesante oposición que Gregorio Luri (págs. 237-239) hace entre lo que denomina «moral fashion», moral del consumo, propia del medioambiente simbólico en el que nos movemos todos y la «moral del trabajo» que la escuela debe hacer prevalecer como contramedida.
Moral fashión Moral del trabajo
Impaciencia. Necesidad de gratificación–Capacidad para postergar la gratificación
Necesidad de atajos para satisfacer el deseo–Capacidad de tomarse el tiempo necesario
El tiempo distancia a la satisfacción del deseo–El tiempo, valor en sí mismo para ser llenado
El desarraigo–La lealtad
Libertad para la desvinculación–Aprecio y prestigio de los vínculos duraderos
Consumo incesante–Consumo pausado. Disfrute del tiempo lento
Dispersión de la atención–Concentración de la atención
Desprestigio del saber como algo pasado de moda–Valoración del saber
Inestabilidad y variedad de lo humano–Lo común de la humanidad, lo permanente
Realizarse es satisfacerse–La realización de la persona en la comunidad
La inspiración–La disciplina
La información–El conocimiento
La espontaneidad–La reflexión
La creatividad–La copia
El deseo como norma de conducta–La postergación del deseo por un proyecto
EL disfrute del momento–La construcción de una biografía
Frustración–Resiliencia
Comprar y sustituir–Reparar
En una columna, la descripción de un Barbaricco. En otra un ser humano.
Usen las tecnologías, no las consuman o serán consumidos por ellas.
Interesante tabla de oposiciones. Caramba con “resiliencia”, una vez consultada la voz resulta que toda la vida la he perseguido sin yo saberlo.
No entiendo bien la oposición “creatividad – copia”.
¿Qué es “lo común de la humanidad, lo permanente”? ¿Cómo podría explicarse en la escuela?
En la columna “Moral fashion” se enumeran usos y costumbres dadas y actuales. Sus opuestas son perseguibles por “no ser dadas” y ser superiores. El tema, en mi opinión, es que las conductas que se refieren como propias de la “Moral del trabajo” lo son en realidad de la religión natural que es la fuente, anterior al “êthos” griego –carácter, manera de ser–, de la que se derivan las morales y éticas “de los tiempos”, es decir, en nada “permanentes”. Mi propuesta sería que se explicara en las escuelas (públicas y privadas) “Religión Natural” que propiamente tiene que ver con “escrúpulo, delicadeza” –y de ahí con “sentimiento religioso”–, cosas tales empíricamente menos mudables y por ello más “comunes de la humanidad, más permanentes”; no en la cultura, sí en el hombre.
José Luis Rodríguez Rigual