Según parece, no habíamos abierto una ventana al mundo en nuestra casa, sino que habíamos abierto, un agujero. Pronto la Caja Mágica como bella madrastra de Blancanieves, se convirtió primero en una Caja Tonta, un anónimo del periodismo clásico que alude tanto al contenido frívolo, ligero e indiferenciado que abunda en las cadenas, como a esa cierta capacidad de disolver nuestro pensamiento que tiene el discurrir de la programación televisiva a lo largo de nuestras jornadas y de nuestras vidas.

Pero si todo se hubiera quedado ahí… El caso es que ese anónimo del periodismo clásico ha envejecido rápido dando paso a este apelativo mucho más duro y seco que puso título a un libro de Lorenzo Díaz: la Caja Sucia (La esfera de los libros, Madrid, 2005). Una caja llena de telebasura. Es decir, llena de informativos plagados de sucesos y truculencias, de reallitys que comercian con la extimidad de las personas convertidas en objetos, de descorazonadores programas del corazón, de verdaderos falsos testimonios, de famoseos, de cotilleos, de petardeos, de morbo, en fin, como recurso fácil y barato a los instintos básicos en una incompetencia feroz por las audiencias y el beneficio económico que da el fijar la mirada del telespectador a costa de lo que sea.

Para ilustrar estos dos nombres, aconsejo al lector que acuda a ¡Mírame, tonto!, las mentiras impunes de la tele, así se hace la telebasura en España, un libro inquietante, de un humor que te deja una amarga sonrisa escrito por Mariola Cubells como una confesión catártica de una testigo y protagonista de primera fila del quehacer televisivo desde dentro (ediciones Robinbook, Barcelona, 2003).

Y para terminar este post tan positivo, tan lleno de amor por el medio audiovisual sobre el que reflexiono, transcribo aquí las dos citas que encabezan el libro de Díaz citado más arriba:

“Nuestra especie ha empleado millones de años en «conquistar» la estupidez, que es algo muy cómodo. La televisión es sólo uno de los medios con los que la disfrutamos.”

Pino Aprile

“El nuevo fascismo no sería, como se anunciaba, el pensamiento único, el ataque preventivo, la aceptación de los halcones, la primacía ario-anglosajona, el capitalismo salvaje; a todo esto hay que añadir la telebasura, esa fiebre amarilla que ataca a un público despolitizado, aburrido, desencantado, que sólo se emociona con chismes”.

Raúl del Pozo

Vean televisión, no la consuman o serán consumidos por ella.