Gérard Imbert, El transformismo televisivo,Postelevisión e imaginarios sociales, Cátedra, Signo e imagen, nº 114, Madrid, 2008

(VI y último)

De cómo la realidad de las realidades, aquella que da relieve y consistencia a las demás, desaparece del imaginario televisivo de una manera paradójica ya que es a la vez omnipresente. Pero esa omnipresencia de una muerte de nuevo espectacularizada anula por completo la presencia de la muerte real.

«En este juego con (los límites) sólo falta … la muerte. La televisión estuvo a punto de hacerlo, infringiendo el tabú que pesa todavía … con el proyecto de la televisión holandesa, de lanzar un nuevo reality show basado en una serie de ficción (death on live) que había imaginado clocar una cámara de televisión en un ataúd, para filmar el proceso de descomposición del cuerpo humano, … Por suerte, el intento se frustró pero es totalmente coherente, teniendo en cuenta la visibilización a ultranza de todo y el sueño de trasparencia total de los medios. (pág. 50)

Como otros referentes fuertes (sexo, violencia) la muerte es uno de esos objetos inefables, … ausentes hasta hace poco del discurso público, pero que ejercen una fascinación secreta y, en las últimas décadas, van haciéndose su lugar en la representación mediática. Si los años 70, con la revolución sexual y la liberalización de las costumbres, han sido los de la mercantilización del cuerpo como imagen, con una representación fragmentada, con fines consumistas (siendo el porno su máxima expresión), los ochenta han visto la emergencia de un discurso de la violencia, no sólo sobre la violencia como contenido, sino también como forma; en los noventa es cuando aparece la muerte como tema recurrente […] (Peckinpah, Kubrick, Scorsese, Pasolini, Cavani, Oshima, el gore, las presuntas snuff movies)

Cuanto menos presente está la muerte como hecho fisiológico, … más lo está como hecho narrativo. […] La muerte ya no es un hecho vivido ni sagrado, sino representado, ya no es un momento único, irrepetible, que marca la conciencia del sujeto, sino un hecho consuetudinario, ordinario, totalmente integrado en la economía narrativa, que ha perdido precisamente su cariz extraordinario con esto, la muerte se despoja … de su sentido profundo ―meta-físico― (Pág. 176)

Si el ver morir como experiencia vicaria ha desaparecido de la vivencia personal, el ver morir representado se ha banalizado … despojado de su valor iniciático … no portador de sentido sino reproducido como pura forma, objeto de goce exclusivamente visual, de consumo inmediato.

[…](Dice José Manuel Pérez Tornero:) En momentos en que, quizá como nunca antes, se ha expulsado la muerte de lo cotidiano, … es justamente, en estos momentos, cuando más insistente es la presencia de la muerte en los medios de comunicación […] Una dimensión clara de nuestra existencia que los medios administran casi en exclusiva.» (Pág. 177)