2d80c7d0652810554abd363si5.jpg




La noticia es una figura de niña anónima que corre desnuda por una carretera vietnamita. Está en la memoria de nuestra pupila como una de las imágenes claves de la historia del siglo XX. Pero la vida sigue después de la noticia. Para nosotros, receptores, como para sus protagonistas. El otro día hablaba de dejar reposar la actualidad. De ese reposo surge en esta ocasión la otra cara de la noticia. Como verán, la vida de esa niña que luego fue mujer en un nuevo Vietnam, no dejó durante mucho tiempo de ser trágica. Hubo otras quemaduras más silenciosas y menos vistosas, pero también muy dolorosas que nunca llegaron a formar parte de las portadas de los medios.

Kim Phuc se crió en la aldea de Trang Bang, situada a 30 minutos al norte de Saigón. El 8 de junio de 1972 un consejero militar estadounidense coordinó el bombardeo de la aldea con napalm .

«Todos estábamos escondidos en la Pagoda. Los soldados oyeron los motores de los aviones que se acercaban y nos gritaron: corran, corran! Corri con mis dos hermanitos y mis primos. Demasiado tarde. Cuando me di cuenta, mi ropa se había consumido por el fuego y mi piel ardía…»

Nick Ut, el fotógrafo que estaba cubriendo el ataque, llevó a Kim a un hospital. La niña pasó 14 meses recuperándose. Las quemaduras eran gravísimas y necesitó 17 operaciones y 14 años posteriores de terapia…

«El napalm es el peor dolor que puedan imaginar. Es quemarte con gasolina por debajo de la piel. Me desmayaba cada vez que las enfermeras me metían en la tina y cortaban la piel muerta»

La violencia política que motivó sus heridas, se convirtió después de la guerra en violencia política que abriría otras heridas… : «Diez años más tarde, en 1982, tuve que sufrir otra prueba muy dura en mi vida. Yo había ingresado en la facultad de medicina de Saigón, pero por desgracia los agentes del gobierno se enteraron de que yo era la niñita de la foto y vinieron a buscarme para hacerme trabajar con ellos y utilizarme como símbolo. Yo no quería y les supliqué: “¡Déjenme estudiar! Es lo único que deseo”. Entonces, me prohibieron inmediatamente que siguiera estudiando. Fue atroz. No acertaba a entender por qué el destino se encarnizaba conmigo y no podía seguir estudiando como mis amigos. Tenía la impresión de haber sido siempre una víctima. A mis 19 años había perdido toda esperanza y sólo deseaba morir».

Cuatro años más tarde, en 1986 Kim consiguió por fin que la dejaran estudiar, pero por razones de propaganda la mandaron a Cuba. Pero allí también hubo de interrumpir sus estudios. Tuvo varios problemas de salud, incluyendo una diabetes que afectó a su visión. Durante su estancia en Cuba conoció a Bui Huy Toan, otro estudiante vietnamita. Se casaron en 1992 y pasaron la luna de miel en Moscú. En su vuelo de vuelta a Cuba, la pareja desertó cuando su avión aterrizó en Gander (Terranova) para repostar combustible

«Si me preguntan por lo más difícil que he tenido que hacer… sin duda alguna ha sido perdonar. Perdonar a los que mataron a mi familia, a los que incendiaron mi pais, perdonar a quienes se empeñaron en utilizarme sin importarles mi vida personal… La primera vez que leí las palabras de Jesús “ama a tus enemigos”, ni las entendí ni sabía cómo hacerlo. Soy humana, tengo mucho dolor, muchas cicatrices y he sido víctima mucho tiempo. ¿Perdonar? Eso me resultaba imposible. Tuve que rezar mucho y no fue fácil… pero con la ayuda de Dios, finalmente lo logré»

En 1996, la Fundación para la Memoria de los Veteranos de Vietnam la invitó a Washington y allí conoció al piloto que vació las bombas sobre su aldea. Kim manifestó públicamente su perdón al piloto y emocionados sellaron el acto con un abrazo. El hombre dijo: “Es como si me hubieran quitado de sobre mis hombros el peso del mundo entero”.

Kim Phuc vive ahora en Canadá, cerca de Toronto, con su marido y sus dos hijos, Thomas y Stephen.

«La foto de la niñita corriendo desnuda mientras su cuerpecito arde por el napalm es un símbolo de la guerra, pero mi vida es un símbolo de amor, esperanza y perdón. Solamente cuando encontré la fe, se atenuó el dolor de las llagas de mi corazón». «La gente debe saber que puede elegir algo mucho mejor que la guerra. Podemos elegir entre el bien y el mal porque tenemos libre albedrío. ¿Cuando entenderemos que es hora de detenernos, sanar heridas y enfocarnos en una mejor vida para todos?»

KIM Fue nombrada Embajadora de buena voluntad de la UNESCO en 1997