«Jugar es un asunto muy serio -dice Isabel Navarro en un artículo de nuestro XLSemanal–; de hecho es el trabajo del niño»
Conocimientos, habilidades, destrezas… se consiguen bajo el signo del ensayo y error en la actividad del juego. Entre lo real y lo fantástico, la imaginación del niño es su principal instrumento de contacto con el mundo. El juego no es un lujo, es una necesidad.

Sin embargo, «según un estudio de 2005 publicado en los Archivos de Pediatría y Medicina para Adolescentes, el tiempo dedicado al juego libre se redujo entre 1981 y 1997 un 30 por ciento siendo sustituido por clases de inglés, música, ballet y judo y por la televisión, los videojuegos e Internet». Es decir: eficiencia y evasión.

El juego es la reproducción de la vida en la que tienen que aprender a crecer. ¿Y los videojuegos? ¿Son lo mismo?

«No. Porque en los juegos virtuales hay muy poca elaboración y, aunque haya la ilusión de actividad, acaban siendo muy pasivos. Tienen algo de evasivos como la literatura o el cine. La gran diferencia es que son adictivos y los libros, desgraciadamente no».

Molestan, ya lo sé. Manchan, desordenan, exigen nuestra participación, nos reclaman… Lo sé. Pero eso va en el lote. No debemos deshacernos de ellos matando sus ratos con pasatiempos, ni podemos privarles del encuentro con ellos mismos encendiendo la pantalla cada vez que les vemos ‘aburridos’. El aburrimiento es la antesala de la imaginación. Dejémosles que se aburran y se pondrán inmediatamente a trabajar, es decir, a jugar. Ya saben: el juego es el trabajo del niño.