El otro día hablaba con Teresa sobre el contraste entre la cháchara mediática de telediarios, teledebates, teletertulias y su correspondiente eco en las redes sociales -un patio de vecinos, en suma, plagado de corrupción, macrocifras y Podemos…- y la información de verdad sobre la realidad del mundo local, nacional e internacional a cuyo acceso, a pesar de los infinitos medios que la tecnología de la comunicación pone a nuestro servicio, hay que dedicar un esfuerzo tan grande o mayor que hace dos o tres siglos cuando la tecnología era fundamentalmente impresa, analógica y escasa.

Mayor esfuerzo ahora quizá porque, ahora, lo primero que se tiene que hacer si uno quiere estar realmente informado de lo que pasa, es convencerse –como Sócrates- de que uno no sabe nada y de lo poco que sabe entiende muy poco; lo segundo, desengancharse de ese ruido mediático y comenzar un proceso atinado, lento, contrastado, de selección de fuentes variadas en distintos soportes (televisión, radio, prensa, libros, conferencias…); y tercero, hacerse a la idea de que va a necesitar de ese elemento valiosísimo y escaso que es el tiempo para dedicarlo esforzadamente al trabajo de informarse. Nada de tertulias y opiniones sobre los mismos manidos temas de la manida actualidad cotidiana en la que no hay noticia porque no hay nada nuevo; nada de echar un vistazo a los titulares en los periódicos digitales; nada del espectáculo de los telediarios en los que lo único de lo que se informa con cierta profusión y profundidad es del tiempo (30 minutos o más de información meteorológica a mediodía y otros 30 por la noche son un fenómeno sociológico-informativo misterioso y, para mí, inexplicable…); nada, por supuesto, de píldoras informativas en las cuentas de Twitter absolutamente pegadas –de nuevo- a la consabida actualidad; y, finalmente, nada de perder tiempo formando parte de las ristras de opiniones y comentarios generados en Facebook o en cualquier otra red. Nada, en fin, del periodismo de las audiencias, del periodismo-espectáculo, del periodismo de masas.

El tópico mil veces repetido de que vivimos en la era de la información se ve una y otra vez desmentido por la realidad de una ciudadanía que de un modo cada vez más pasivo recibe un bombardeo mediático con el centro de referencia en la televisión que otros medios y especialmente las redes sociales no hacen sino amplificar, de modo que, finalmente, todo el mundo acaba hablando de los mismos temas sugeridos por la agenda mediática y que conforman la actualidad teniendo o no nada que ver con la realidad. Luego las encuestas preguntan a los ciudadanos cuáles son sus principales preocupaciones y, claro está, siempre coinciden con aquellas con las que han sido previamente bombardeados.

Pero la realidad es mucho más que la enferma española de Ébola, su salud y su perro; mucho más que el pederasta del ensanche, sus víctimas y sus rutinas; mucho más que la multicéfala y multipartidista corrupción; mucho más que el supuesto aumento de intención de voto a un protopartido demagogo que pesca en río revuelto y mucho más, desde luego que si los catalanes votan o no votan… La realidad es, incluso, mucho más que el descenso de la popularidad de Obama o que el ascenso de la popularidad del Papa Francisco, o  los líos amorosos del presidente Hollande

El mundo es mucho más complejo y para entenderlo no necesitamos que nos acerquen su ruido, sino su silencio; lo que pasa y lo que no pasa. Necesitamos no sólo conocer, sino saber, es decir, contextualizar, analizar, dejarlo reposar en el tiempo, alejarnos para adquirir perspectiva. Necesitamos personas intermediarias que nos cuenten lo que es noticia, nos interese o no, con criterios de rigor, honradez y profundidad. No necesitamos llegar primero, sino llegar a donde debemos estar. No necesitamos estar pegados al cristal de la actualidad, sino, al contrario, alejarnos de ese cristal que todo lo deforma en apariencias. No necesitamos titulares, sino reportajes  e investigación. No necesitamos que la aparición de una noticia haga desaparecer la anterior sin haber profundizado en ella, sino ir de una a otra habiendo entendido la primera. No necesitamos abundancia, sino filtros cualificados y profesionales.  No cantidad, sino calidad.

Y eso es tiempo, esfuerzo, trabajo, búsqueda, diversificación… Como siempre, una minoría ilustrada y cualificada será capaz con esfuerzo de acceder a la información de manera mucho más completa que en cualquier época anterior. Pero, las masas que apellidan a los medios de comunicación estarán tan desarmadas como siempre con la mentira añadida de la supuesta superinformación proporcionada por la tecnología.

Una de las vías alternativas de información son los microprogramas de Radio5 todo noticias entre los que se encuentra el magnífico Cinco Continentes emitido cada día, de lunes a viernes, a las 9 de la noche y del que os ofrecemos aquí un pequeño fragmento: una entrevista a Malén Aznárez, presidenta de Reporteros sin Fronteras que expone breve y crudamente la desoladora situación del periodismo contemporáneo -y por tanto de la información- en medio del entusiasmo general del ciberoptimismo.

Aquí, transcritas, sus respuestas:

Sobre la situación actual del periodismo internacional:

«Cada año que pasa las cifras van a peor, más asesinatos, más secuestros de periodistas, más medios cerrados, más amenazas, más censura y autocensuras de todo tipo,  realmente la situación ha ido empeorando muchísimo en los últimos años.…»

Sobre la incidencia de la crisis económica en las redacciones de noticias:

«La crisis no coarta directamente la libertad de expresión e información, pero realmente acaba coartándola indirectamente… Porque desde el momento en que hay muchísimos menos periodistas en los lugares en los que están sucediendo los acontecimientos y se puede informar menos directamente; desde el momento en que los veteranos están saliendo de la mayoría de los medios de comunicación y están siendo sustituidos por gente que empieza con la carrera y tiene muchísima menos experiencia y medios para cubrir esas informaciones; desde el momento que hay menos coberturas; hay menos corresponsales fijos y de guerra; hay menos expertos en las regiones y en los temas  y se cierran muchísimos medios… Al final eso supone una restricción para los ciudadanos para que puedan escoger y eso al final repercute en la calidad y en la variedad de la información y en las posibilidades que tienen los ciudadanos de informarse lo más independientemente posible.»

Sobre la desaparición de una generación de profesionales veteranos, la importancia de la ética periodística y la avalancha de la información digital:

«El carácter de magisterio que tiene esta profesión entre periodistas seniors y jóvenes recién licenciados que se cultivaba en las redacciones se está cortando a un ritmo vertiginoso desde hace unos diez años. La transmisión de conocimientos, de las líneas informativas de los distintos medios, de la experiencia profesional, de lo que era la ética periodística, de lo que era cubrir las informaciones nacionales como internacionales con todos los requisitos propios de un buen periodista, de una buena información, con honestidad, con rigor, con contraste de fuentes… todo lo que los periodistas veteranos hemos tenido por delante siempre… Eso se está perdiendo ahora. Los medios están pasando de jubilar o echar a la calle a los veteranos a introducir a unos periodistas jóvenes que no tienen esa correa de transmisión y que, además, se han encontrado con toda la avalancha del periodismo digital, del periodismo de internet, con unas reglas de juego totalmente distintas en donde parece que lo que importa más es la novedad, la rapidez, el espectáculo… mucho más que el rigor informativo.«

Sobre la importancia de las redes sociales como herramienta informativa:

«Las redes sociales no deben sustituir al periodismo. No soy enemiga de las redes sociales, pero creo que esta exaltación de las redes atribuyéndoles el ser el periodismo del futuro, el periodismo importante… No va por ahí. El periodismo bueno da lo mismo dónde se haga, da lo mismo el formato o el soporte: papel, pantalla, televisión o radio… Pero el buen periodismo tiene que tener unas normas y tiene que tener un rigor y no puede ser que cualquier ciudadano que haga un foto porque pasa por un sitio en un momento determinado y la suba a las redes, se autoproclame periodista; que cualquier persona que pase por una manifestación y cuente lo que ve llamando a un periódico se crea que está haciendo periodismo… Y que se diga que el periodismo actual es así y que el periodismo tradicional tiene que desaparecer…  Yo creo que el periodismo, para serlo, tiene unas normas muy claras que lo definen y que debemos cumplir y ahora se está haciendo mucho menos periodismo y mucha más comunicación-espectáculo.«

Sobre el deterioro del periodismo y lo efímero de la información:

«Los grandes medios occidentales están tirando piedras contra su propio tejado. Si el periodismo de calidad, si el periodismo riguroso y que da la información que le interesa al ciudadano o que le debe interesar al ciudadano se convierte en un totum revolutum, se convierte en un espectáculo donde lo importante es el follón, el ruido, la rapidez… Porque una de las cosas tremendas de ahora es la rapidez… lo efímero de las noticias… ¿Quién se acuerda de Libia y de Gadafi y sólo han pasado dos años y, sin embargo, siguen matando periodistas y secuestrando… y hay un verdadero agujero negro de información en Libia en estos momentos«

Triste diagnóstico final sobre la actuación de los propios profesionales: ¿la era de la información?

«Yo creo que el periodismo es el mismo de siempre. Siempre se han contado y se contarán noticias. Lo que no podemos es deteriorarlo… nosotros mismos. Nosotros mismos, los periodistas, ahora, estamos manipulando la información de un modo que se está convirtiendo en espectáculo … en parte porque hay muchísimo miedo en que te echen de las empresas, se practica la autocensura y un periodista con miedo es muy proclive a la autocensura. Realmente ahora es un momento muy poco agradable y del que podemos presumir muy poco los periodistas

¿De verdad es ahora más fácil el acceso a la información?