«Electrodoméstico ideológico» le llama Margarita Riviére advirtiéndonos que es una equivocación sentarnos desarmados ante el televisor como si fuera una diversión inocua, un entretenimiento inocente, porque tras tanta risa, golpe, frivolidad y colorín, hay mucha ideología. Que no es sólo un riesgo de reblandecimiento el que corre nuestro cerebro, sino que la tele y sus programas son propuestas ideológicas que no tienen sólo un formato de informativo proclive a determinados enfoques más o menos sectarios, sino que, al contrario, se disfrazan de ocio a través del relato y la ficción ante el que nuestras defensas racionales se sitúan bajo mínimos.

Puede ser esa la idea de Lolo Rico cuando ve la TV como una fábrica de mentiras : una factoría de estereotipos, de manipulaciones, de descontextualizaciones, de tópicos anti educativos, que en vez de incentivar nuestro sentido crítico, anestesian nuestra sensibilidad ante la injusticia produciendo, una vez más, la extensión del pensamiento débil y la parálisis social de lo políticamente correcto. Y ella conoce bien el medio porque lo ha vivido desde dentro.

Vean televisión, no la consuman o serán consumidos por ella.