Escribo desde Zaragoza. Lo cual supone que llevo EXPUESTO al bombardeo mediático folklórico-regional ―perdón, quiero decir autonómico― sobre la EXPO algo más de tiempo y con algo más de intensidad que el resto de los españoles. Tanto y tanta como ha costado su construcción. Del “faltan tantos días para…” hemos pasado al diario de bitácora que nos da cuenta de anécdotas tan jugosas de lo acontecido en el magno recinto como lo refrescante que resulta mojarse el gaznate en alguna fuente – si la hubiera- para aliviar el calor.
De la EXPO me interesan algunas consideraciones simbólico-medioambientales. La primera, la unanimidad: todos con la EXPO. Y todos significa todos. La disidencia es derrotismo antipatriótico y está proscrita. En un flagrante ejemplo de cómo los medios hoy, no sólo NO ejercen de control al poder mediante el análisis, la información y la crítica sino que, una vez se les promete y luego se les da una tarjeta personalizada que se cuelgan del cuello en la que pone prensa, con la que entran y salen, suben y bajan y se mezclan con los VIPs en este o aquel cóctel, se convierten en correas de transmisión de los dictámenes de los de arriba en vez de intermediarios críticos para los de abajo. La EXPO somos todos clama la publicidad institucional y, unánimemente, la EXPO somos todos cacarean nuestros abnegados mediadores. Me cuentan que en Estudio de Guardia, un programa de denuncia ciudadana de nuestra zaragozana cadena SER, cuando algún oyente que ha experimentado la EXPO se atreve a poner de manifiesto algún defectillo ―la falta generalizada de imprescindible sombra; algunas colas incongruentes por lo innecesarias; el vacío neuronal absoluto del contenido de algunos pabellones; los aseos de la torre del agua que cuando has subido andando a la planta 20, te enteras de que los únicos existentes están catorce plantas más abajo; las tropecientas entradas que se han auto regalado el alcalde y sus concejales; la sospechosa connivencia con los concesionarios de refrescos en la falta de fuentes en el recinto; o el absolutamente incomprensible pacto de silencio sobre los trasvases en una EXPO del agua unánimemente aceptado por todos…― cuando algún ciudadano, digo, se atreve a insinuar la más mínima objeción aunque esta se haga desde el amor a lo propio que suele manifestar el probo aragonés, los locutores, obedientes a la unánime consigna del poder, se apresuran a cortar, minimizar alegremente y pasar a otra cosa cuanto antes. Arcadi Espada afirma que un periodista confiado es un propagandista. Unanimidad y propaganda. Estamos unánimemente EXPUESTOS a la EXPOpropaganda.
Disfruten de la EXPO, no la consuman o serán consumidos por ella.



