Cuarta jornada con Higinio Marín y su Sobre la televisión, espectadores y espectros  de su último libro El hombre y sus alrededores. Hoy, la soledad de la burbuja digital. Juntos, pero solos, encapsulados, aislados.

«Los espectadores están tan solos como poseídos por las mismas e idénticas imágenes» «Un individuo aislado, pero habitado por las misma imágenes, juicios y emociones que millones de espectadores sin rostro»,«… el sujeto solitario y sin embargo masificado: …un individuo renuente a toda clase de participación o compromiso social, que busca la soledad pasiva del espectador como el estado preferido y que es arrastrado episódicamente a formar parte de multitudes emocionales tan intensas como efímeras … oleadas de sentimientos concertados a millones de sujetos solitarios que experimentan las más intensas emociones en la soledad de sus salones con televisor … una sacudida emocional cuya fugacidad desvanece casi de inmediato la importancia del suceso que la causó y devuelve reconfortado al espectador a su cómoda y solitaria pasividad».

[Siempre hemos dicho que esta soledad digital es un fenómeno profundamente urbano]:

«También a las almas de los espectadores adictos les ocurre como a las megaciudades: están deshabitadas por superpoblación

[Si el otro día era Narciso, hoy es Hades, el dios de los muertos, el que sale a colación en la reflexión antropológica de los espectadores que acaban siendo espectros porque su obsesión por verlo todo les impide finalmente verse a sí mismos.]

«Para quien convierta la invisibilidad en un poder ilimitado para verlo todo, la televisión e internet se pueden convertir en artilugios mágicos como el caso de Hades  … que convertía en invisible a quien se lo pedía, pero al precio de dejarlo sin rostro.  … La adicción televisiva o a la red aplana los rostros, devora los gestos. … El reino de la invisibilidad en el que nos introducimos los espectadores contiene la amenaza constante de convertirnos en espectros … llevados por la obsesión de ver sin miramientos, se han hecho invisibles, sombras que ven y no se ven. Por eso, como el anillo de Tolkien, es mejor ser prudente y no servirse de esa invisibilidad demasiado tiempo o nos transformará a nosotros mismos en irreconocibles.»

[Pero hay solución. De una pasmosa sencillez y de una enorme dificultad]: «Por suerte, basta con retirar la mirada. La afición a apagar la televisión nos devuelve al mundo visible con ojos vivos. Es mejor tener mucha cara que perderla delante de una pantalla

Mañana, un epílogo.