Arcadi Espada escribe un breve ensayo introductorio en El fin de los Periódicos, un libro editado por Duomo editorial y en el que el mismo Espada y Ernesto Hernández Busto han reunido ocho ensayos de desigual calidad en torno a la crisis del periodismo actual.

En su ensayo a modo de introducción, Espada, fiel a su tarea de analista de la información y desde luego nada corporativista, afirma que es una máxima interesada para la elusión de las responsabilidades la de que el periodista nunca es noticia. Estoy completamente de acuerdo. Es más: deberíamos decir que hoy más que nunca es obligado un continuo comentario crítico de la prensa.

Durante años, el periodista era considerado como el intermediario que ofrecía resistencia al poder. Hoy sólo tres décadas después del Watergate, se ha producido un cambio notable en la percepción de la opinión pública : «el periodista ya no es el contrapunto del político sino su cómplice». El periodista ha dejado de ser un outsider que escarba en las fisuras del poder para encontrar información y se ha convertido en un insider, un especialista que maneja información confidencial que desconfía de la capacidad de discernimiento de las masas y que, en definitiva de ser un intermediario entre el poder y las masas, se ha convertido en un transmisor desde el poder a las masas.

Esa desconfianza ha hecho que muchos hayan dejado de creer que el periodismo es necesario. Pero Espada nos advierte de que es el poder el primer interesado en que esa percepción se extienda y de que es una ingenuidad el ver en la posibilidad de la comunicación directa la panacea de la libertad. Porque para él el periodismo no es contar historias, sino, sobre todo, una imprescindible tarea de mediación y selección profesional y constante de los hechos.

Pero lo más interesante del artículo de Espada está quizás en su consideración de que no son las tecnologías digitales, las redes sociales o los blogs los que han llevado a este cambio en el modo de hacer y de entender el periodismo, sino el relativismo propio del pensamiento posmoderno que ha infectado también al mundo de la prensa. «Un mundo sin mediación periodística no es nada más que la extensión a la comunicación de masas del canon posmoderno: se trata de un mundo donde la comprobación de la veracidad de las noticias tiene una importancia relativa, porque al fin y al cabo la verdad y la mentira no dejan de ser categorías culturales, códigos, meros pactos entre poderosos». Sin embargo, el periodismo debe ser veraz y no verosímil, nos dice. Las noticias son hechos y los hechos no pueden modificarse aunque haya periodistas que no acaban de entenderlo. Y eso es lo que conduce a la decepción del consumidor de prensa.

El relativismo también se da en la selección y jerarquización de las noticias que es la segunda tarea fundamental del periodista que quiere servir al ciudadano ayudándole a distinguir lo importante de lo accesorio. «Si todas las noticias, como todas las culturas, valen lo mismo, ¿cuál es, entonces, el sentido de jerarquizarlas?». En Internet, se da un flujo constante y homogéneo de la información de la que es difícil distinguir realces y diferencias.

Sin duda reconocer el problema es ya una manera de empezar a poner soluciones.

En otros post daremos cuenta de alguna otra idea interesante presente en el resto de los ensayos. Basta por hoy.

Busquen información, no la consuman o serán consumidos por ella.