Me pasa José Luis un librito magnífico «El placer de dejar de fumar» (Origen, esplendor y muerte de una adicción)— en el que el Dr. Miquel Masgrau, contrariamente a lo habitual en los libros de autoayuda, no se dedica a convencernos de que dejemos de fumar, ni mucho menos a ayudarnos a ello, sino  que,  en cambio, con una confianza plena en la libertad y el raciocinio del lector, se limita a hacer un diagnóstico a vista de pájaro pero con notable agudeza, es decir, completo, certero, divertido e interesante sobre cómo la industrialización primero y la tecnología después, han modificado la naturaleza del hombre hacia una especie de subnaturaleza en la que queda alienado, despersonalizado e infeliz. Como resultado, una fragilidad que le hace especialmente proclive a las adicciones. No entramos aquí a analizar el tabaquismo, pero sí es muy interesante trasladar su análisis a las llamadas adicciones sin sustancia entre las que se encuentran, claro está, las tecnológicas.
Uno de sus capítulos se titula muy expresivamente, El hombre estancado y de él entresacamos algunos párrafos distribuidos en un par de entradas. Si lo queréis leer entero lo tenéis completo aquí .

  «En las librerías se encuentran estantes enteros abarrotados de libros que quieren transmitir un mismo mensaje: tú puedes; tú puedes vencer el miedo, tú eres dueño de tus actos, aprende a decir no, el éxito está en tus manos, tú puedes conseguir sin esfuerzo lo que deseas, etc.

Lo más sorprendente es que, hasta hace poco, las personas sabían lo que podían o no podían hacer sin necesidad de que los libros les dijeran que podían hacerlo. La duda ofende, y el mero hecho de que se cuestionen las capacidades propias del hombre es ya un signo preocupante del estado actual de una condición humana que se siente impotente para hacer lo que está al alcance de su mano.

La voluntad ha cedido terreno como fundamento de la conducta. Ya no forma parte de la educación de los niños, consentidos en casa y sometidos a una instrucción exclusivamente teórica en la escuela. La firmeza de los educadores y de los modelos a imitar eran los que desarrollaban la voluntad, que se conforma entre la estimación y el choque, entre el calor y el martillo, como se templa el hierro. Pero hoy la autoridad  parece exclusiva de las fuerzas del orden, la disciplina es considera un castigo y el esfuerzo físico en el trabajo cosa de bestias, ya que las máquinas lo han desterrado de entre las gentes acomodadas, que sólo se afanan en competir en los negocios o en el juego.

En el último siglo, el hombre ha tenido que evolucionar para adaptarse a un entorno cada vez menos humano. Durante el milenio anterior, el hombre estuvo sometido a otros hombres, y las dimensiones del dominio eran también humanas. […]

Aunque tenían más obligaciones que nosotros, es probable que, antes de que la industria forzara el ritmo del trabajo, los hombres y las mujeres tuvieran la sensación de que la mayor parte de su existencia era gobernada por su voluntad. Estaban integrados dentro de una tradición y hacían de buena gana lo que siempre se había hecho. El hombre moderno, aunque parece que viva en un momento de máxima libertad, quizá porque tiene demasiadas opciones, se siente forzado a renunciar a lo que más le place, y actúa, más a menudo que sus antecesores, en contra de su voluntad

Mañana, más.